miércoles, 16 de agosto de 2017

Manuscrito 20

Estoy en una playa de estacionamiento, sentado en una silla de fierro, cuero y goma espuma.
Hace un rato estuve acomodando carros de supermercado. ¿Cómo se les dice a los carros de supermercado en las distintas provincias? ¿Cómo se les dice en San Luis?
Como sea, acomodé carros como un pastor que junta a sus ovejas.
Idea: película con muñecos de cuero y goma espuma.
Estoy leyendo "Los demonio de Loudon", de Huxley. Libro con el que reafirma su estatus de uno de mis escritores preferidos.
Menos mal que inventamos al Otro.
Para identificarnos, para temerle, para culparlo, para odiarlo, para amarlo, para alejarlo, para retenerlo. Sin el Otro no seríamos nada.
A veces quisiera ser el Otro.
Qué gilada eso de romper algo sabiendo que lo vas a recuperar o, más bien, reemplzar con facilidad.
Por eso, cuando alguien dice: "Rompí el celular contra el piso" y a los dos días tiene uno mejor, más que un acto de ira, si querés, de una rebeldía módica, pasa a ser el mohín caprichoso del que, bajo la falsa apariencia de la diconformidad solo termina siendo un hijo de puta.
Si rompés el celular que sea con ira y sabiendo que te va a costar el siguiente.
Si la dejás a tu esposa no vengas con otra al día siguiente. Sufrí, hijo de puta. Lamentate un poco, incluso. O no te lamentes. Pero llevá la soledad con algo de dignidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario