Pienso que casi todo lo que se escribe se produce desde el comfort pero es necesario darle a ese proceso un aura casi mítica, épica.
Imaginen la cantidad de obras universales que fueron consumadas por escritores que se rascaban la ingle cada tres puntos y a parte.
Después viene todo el asunto de contextualizar la producción.
Pocas veces importa, realmente, el contexto. Pero en muchas entrevistas a escritores se les pregunta cómo escribieron alguna de sus obras. Y ahí se ve el autor conminado a narrar la historia de cómo escribió la historia.
Si la obra escrita tiene un tenor grave, serio, intenso, el contexto deberá, también, presentar tales características. Imagino a escritores redactando libros de cómo escribieron otros libros. (Hasta podrían ser más interesantes, en muchos casos).
No podemos imaginar a Dante escribiendo la Comedia mientras comía anacrónicos sándwiches de jamón y queso. O a Shakespeare parlamentando a Polonio mientras remojaba juanetes en agua y sal.
Yo puedo decir, para la posteridad, que estoy escribiendo esto en Argentina, 2017. Y eso debería bastar.
Saquen sus propias conclusiones.
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