martes, 22 de agosto de 2017

Manuscrito 23

Playa de estacionamiento.
Escuché el Concierto para piano y orquesta n° 1 de Liszt.
Tengo el segundo de Chopin para relajar.
"Conocí gente interesante. A saber, un albañil que tenía tatuada en su pene la alineación completa del equipo inglés que ganó el Mundial de 1966", dice el narrador en "Filosofía a mano armada" de Tibor Fischer.
Nombres de jugadores en la pija...
Pienso en esas tribus de Oceanía en las que la virilidad se demuestra penetrando a otros hombres. No sé.
Entonces: cada vez que el albañil introduce su falo en un conducto está recordando un triunfo deportivo. Incluso un triunfo patriótico.
Toda una glosa sobre vivir de triunfos ajenos como propios.
Vivir de glorias pasadas.
Fútbol y sexo.
Fin.
Robert Burton dijo que el alma es adquirida o depositada en el cuerpo  a los seis meses de gestación.
Idea tan o más ridícula que considerar que el ser humano tiene alma desdes el momento de la concepción.
Apilé billetes de diez en orden serial.
No tengo trastornos.
¿El TOC es el más ridículo de los trastornos?
¿No tengo trastornos?
Trastornos, penes tatuados y alma.
El psicoanálisis no está tan mal... y yo que me burlo todo el tiempo.
Puse la radio y pasan... "Hey, Jude" en versión altiplano. En serio: quenas, cicus. Y suena bien.
Escuché la Rapsodia húngara n° 9 de Liszt. Me apreté un dedo ensartando carros de supermercado.
La estructura.
El esqueleto.
Llenar el carro con productos.
Llenar la página con connotaciones.
Lo que compramos connota muchas cosas.
El carro vacío, la página en blanco.
El carro vacío como estructura "vandijkiana". 
La compra como texto que produce sentido.
¿Por qué compramos lo que compramos? ¿Qué descartamos? ¿En qué orden compramos?
"El carro del sentido".
Noto que si le hablo con cierta amabilidad y superioridad docente a las personas se ven impelidas a pagarme.
El capitalismo es un camino de buenas intenciones.
La superioridad docente consiste en explicar lo obvio con una sonrisa. Partiendo de que el receptor de la explicación tiene una carencia (no sabe). Tener una carencia...
Cuando mis queridos usuarios de la playa de estacionamiento entienden que pagar es algo natural, algo axiomático, entregan el efectivo. Aun a regañadientes. Pero esos son los menos.
Nadie quiere demostrar que no puede pagar algo.
Para eso existen subterfugios como el enojo, tortuosas escenas de cocoliche.
Estas personas me pagan no solo por dejar su auto acá, sino, también, porque piensan que su auto va a estar seguro bajo mi vigilancia.
Uno hace lo que puede...
Ayudé a una vieja con las bolsas. 
Me dio propina.
Me sentí un personaje arltiano.
Cierro transmisión.

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