jueves, 12 de septiembre de 2019

Manuscrito 35


Exterior. Noche. Se ve iluminado el cartel de neón de un drugstore.
Un hombre se aproxima caminando. En la mano tiene un cuchillo que gotea sangre.
La cámara lo toma hasta que se pierde de vista.
Así comienza mi nueva película.
Bien. Treinta y cinco.
Anoche soñé que me estaba degenerando el Alzheimer; me desperté cuando no podía reconocer a nadie.
No sé por qué soñé esto. Seguramente fue porque me tomo el asunto muy para el humor y...
Sacando lo del Alzheimer, debe ser un poco liberador no reconocer a nadie, perder la memoria por completo y empezar de nuevo. “Sin culpa y también sin preocupación”, diría mi amigo Alián.
Borrar todo. Borrarse. Formatear el cerebro, liberar espacio. Cargarlo con archivos nuevos. Me parece interesante.
Ahora me acuerdo de casi todo, incluso de cosas que no quiero. Qué tragedia que es mi vida...
Canta, oh Musa, la tragedia de...
Perder la memoria te libera. La muerte te libera de todo. Te libera de morir.
Ya sé que se ha escrito mucho sobre la cuestión de la memoria, hay películas, etcétera.
Escucho la orquesta de Miguel Caló.
Pasé por una casa custodiada por dos perros Dóberman que me ladraron pero, como tenía los auriculares puestos, no me sorprendieron. Me quedé un rato a mirarlos y seguí caminando.
Hablo de liberarse de recuerdos, de nostalgias... Escucho tangos que están hechos de recuerdos y nostalgias.
“Hoy vas a entrar en mi pasado”.

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