miércoles, 25 de septiembre de 2019

Pearson


En agosto de 2014, si no me falla la memoria, un primo mío, Damián Américo, tuvo que viajar a Pearson, departamento de Colón, en Buenos Aires.
Debía allí gestionar un arreglo "de larga data", como había dicho tres veces antes de salir.
Lo dijo tres veces como si hubiera querido sentenciar la importancia, la fatalidad de lo que iba a hacer.
Volvió tres días después y dijo: "Ya está hecho".

La curiosidad no necesita carnadas tan grandes, yo mordí y pregunté.
Mi primo se sirvió un vaso de granadina y comenzó su relato. Yo apagué la radio.
Hace cinco años yo tenía un amigo allá en Pearson, Ulises Herrero se llamaba. Digo que se llamaba porque...
Este Herrero tenía una prima, Melina, por la que yo tenía interés y sabía que ella estaba interesada en mí.
Una noche nos encontramos en la plaza principal para tomar algo; mis intenciones eran románticas y estaba muy nervioso.
Ella tuvo la gentileza de ser tierna ante mis torpezas.
De pronto, en un Peugeot 604 desvencijado, apareció Ulises Herrero junto a dos muchachos que yo desconocía.
"Melina, tenés que venir a tu casa. La tía acaba de tener un infarto". Naturalmente, Melina subió al auto.
Pero la realidad era otra. Herrero y sus dos amigos tenían planes espurios con Melina.
Melina ya no volvió a ser la misma y todo lo que pudimos haber tenido se había perdido para siempre. Yo no entendía nada.
Ella no hablaba y no miraba a nadie. Le agarró una depresión... Pobrecita...
Una noche, por casualidad, escuché a Herrero comentar algo con uno de sus amigos: "Si se enteran lo que le hicimos a esta pelotuda vamos en cana. No abras la boca".
Yo ya había arreglado para venirme a Paraná y al otro día estaba viajando; terminaba septiembre de 2013 y la tristeza...
Desde acá llamé a la casa de Melina, pedí hablar con ella para que confirmase mis sospechas. Sin embargo, Melina ya no hablaba con nadie.
Se suicidó un mes después...
El mundo se me vino abajo, primo. Te lo digo de verdad. No viajé a su entierro, no podía verla así.
Hace tres días fui a Pearson, como te conté. Pregunté por Herrero y me dijeron que estaba comiendo en un restaurante, el Belforte, saliendo de Pearson.
Lo fui a buscar y le expliqué por qué iba a matarlo. Después le metí un tiro en la frente.

Cuando terminó su relato, mi primo rompió en llanto.

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