jueves, 26 de agosto de 2021

Asmática

 

Todo empezó cuando tenía siete años, Noelia estaba durmiendo en su cama cuando sintió que algo oprimía su pecho. Se despertó asustada y gritó: “¡Mamá!”; Sandra, con las pantuflas mal puestas, entró, también asustada, al cuarto de la niña y le preguntó qué había pasado.
-Creo que tuve una pesadilla. ¿Puedo dormir con vos?
-Noelia. No. Basta de dormir conmigo. Tenés que dormir sola. Ya sos grande.
-Pero solo por esta noche.
-Si querés me quedo acá y te leo un cuento. Pero dormís acá.
-Bueno. Está bien. Contame el cuento de la vieja malvada
-¿Para que vuelvas a tener pesadillas?
-Es que me gusta ese. Te prometo que no voy a tener más pesadillas.
-Eso no es algo que vos puedas controlar.
-Bueno, está bien…
-Te voy a contar el cuento del cocinero del rey. ¿Te acordás de ese?
-Sí… Contame ese.
Noelia se tapó y su madre se recostó a su lado para comenzar el relato: “En un reino lejano vivía un rey que tenía gustos muy refinados…”. La pequeña se quedó dormida antes de que el cocinero sirviera el postre.
La joven, con prudencia en su marcha, se fue de la habitación y dejó la puerta levemente arrimada. Hasta la mañana siguiente, ambas durmieron un sueño confortable.
Pero la noche anterior apenas había comenzado, la opresión en el pecho solo había sido un aviso, un anuncio. Algo estaba por desatarse en aquella casa, en el cuarto de Noelia, una niña de siete años.
Cuando despertó, al día siguiente, vio que Susana, su muñeca, no estaba sentada sobre la silla como siempre sino que estaba en el piso, como aquella vez que la encontró a su madre cuando esta volvió de una fiesta y caminaba de una forma rara… No recordaba haber tirado a Susana y su mamá tampoco le habría tirado pero, en una de esas… Sandra era un poco torpe cuando estaba con sueño…
Bajó a desayunar con Susana y la sentó a su lado.
-Quiero vainillas. ¿Puedo buscarlas?
-Están en la alacena de abajo. Pero no comas muchas.
Cuando Noelia volvió a la mesa, Susana estaba en el piso.
-Mamá, ¿vos tiraste a Susana?
-¿Qué? ¿Cómo la voy a tirar, Noe? Ni me fijé que la habías traído. Igual. No la traigas a la mesa que junta mugre la muñeca. Uno de estos días la voy a lavar.
-Entonces se cayó sola.
-Por ahí la sentaste mal. Bueno, desayuná que en un rato viene tu padre a buscarte.
-¿Vos no vas a venir con nosotros a pasear?
-No, corazón. Hoy no puedo. Apurate y lávate los dientes después.
Después de lavarse los dientes, Noe fue a su pieza para vestirse y para inhalar fluticasona, recordó entonces la opresión en el pecho. Y la luz de su cuarto papadeó durante una fracción de segundo y Susana salió disparada contra una pared.
Cautiva del miedo, la niña no gritó, ni siquiera susurró la palabra “mamá”, solo miraba, rígida, lo que se estaba materializando frente a sus ojos. Comenzó siendo humo casi transparente, como un vapor cristalino, luego se hizo espeso y comenzó a tener forma humana, se trataba de una niña que no se parecía a ninguna que Noelia conociera.
-¡Hola! –Le dijo la niña intrusa.- ¿Querés ser mi amiga?
-¡Mamá! ¡Mamá, vení! ¡Mami!
Cuando Sandra llegó, todo era normal, todo era… bueno, el cuarto de una niña de siete años.
-Noe… ¿Vos no tendrás fiebre y estás delirando cosas? A ver, la frente.
Pero Noelia no tenía fiebre.
-Ma, se apareció una nena como yo y me preguntó si podíamos ser amigas.
-Y, bueno… Eso es algo lindo. Por lo menos no te dijo que te iba a matar mientras dormís.
Las últimas palabras llamaron la atención de Noelia.
-Seguro que ella la que tiró a Susana porque está celosa.
-O por ahí la tiraste vos y no te acordás.
Sonó el timbre.
-Vamos, bajemos que llegó tu papá. ¿Tenés todo listo en la mochila?
-Sí. Y me llevo a Susana.
-Cuando vuelvas, esa muñeca va al lavarropas.
Noelia bajó y su padre la levantó cuando la vio. Le dio un beso y le dijo a Sandra: “Vuelvo mañana con Noe. Esta noche se queda a dormir en casa”. La ex de Walter aceptó, una noche tranquila para ella, una noche para hacer vida de soltera. Ya había estado hablando con un tal Nicolás…
Esa tarde, Noelia jugó en la plaza con su padre y con Susana. También comió algodón de azúcar. También acarició a un perrito chiquito.
En el departamento de su padre no tenía habitación propia así que, tenía que dormir en el futón del living, pero ahí tenía Netflix.
-No te duermas muy tarde.
-Un ratito y me duermo.
Noelia inhaló fluticasona y se sintió algo rara… Tuvo un sueño convulso en el que entraba a una casa muy vieja y sonaba una canción más vieja que la casa; el rechinar de la madera se escuchaba debajo de sus pies, sus pasos eran lentos pero… seguros. En ese sueño, Noelia no tenía miedo, se dirigía a un lugar, había unas escaleras y ella sabía que tenía que evitar el séptimo escalón porque ya conocía la casa…Tenía algo en su mano.
En la planta alta de esa casa había una puerta cerrada y comprendió que en su mano tenía la llave para abrirla y la llave dio una vuelta completa haciendo un ruido metálico. Empujó la puerta y, en su sueño, Noelia sabía con lo que se iba a encontrar o, mejor dicho, con quién.
Cada uno estaba encadenado a una pared opuesta. Tenían un grillete en el tobillo y no podían tocarse entre ellos. Walter y Sandra  parecían dos adictos deshumanizados que, obedientemente se habían comido todo el arroz. Temblaron de miedo cuando Noelia entró y fijaron su mirada en el piso.
Cuando la niña les habló tenía otra voz, no era la Noelia de siempre. Su voz sonaba espectral y fría.
Cuando despertó a la mañana siguiente, Susana no tenía ojos y Noelia lloró. Naturalmente, culpó a su padre y le dijo que quería volver con su madre.
No habló de camino a su casa, no habló cuando llegó… Entró corriendo a su cuarto y sus padres se quedaron hablando de los extraña que había estado su hija los últimos días.
Noelia bajó corriendo las escaleras y fue al patio; sus padres seguían hablando de ella como si fuera un objeto de estudio. Walter sonrió ante un comentario de Sandra y ella le devolvió la sonrisa para que luego él le sacara una miga de malteada que le había quedado cerca del pecho y ella le diera las gracias mirándolo a los ojos…
No podían tener sexo esa noche pero Walter se quedó a dormir.
-Papá se va a quedar esta ncohe.
-No me importa. Los odio a los dos.
-Ya se le va a pasar.
Noelia fue a su cuarto y volvió a inhalar fluticasona y volvió a sentirse  rara.
Esa noche no durmió. Esa noche sintió algo raro en todo su cuerpo. Esa noche bajó a la cocina y buscó algo. Esa noche entró al cuarto de sus padres, con prudencia en su marcha, y los mató a cada uno de tres puñaladas.
Los vecinos entraron dos semanas después cuando el olor era insoportable. Noelia estaba comiendo vainillas y, claramente, llevaba varios días sin bañarse. Sonreía y hablaba con vos fría y espectral, no era aquella la voz de una niña. Sus palabras salían de su boca como una lluvia de gotas microscópicas y cortantes.
Sin embargo, cuando una señora la tomó de la mano, no respondió con violencia, todo lo contrario, dócilmente se dejó llevar hasta un auto para luego dejarse conducir hasta las instalaciones de un lugar donde una chica muy bonita y de voz diáfana le hizo algunas preguntas y le hizo ver algunas imágenes.
Noelia inhaló fluticasona y sus ojos brillaron y también brilló su sonrisa…
A diez años de aquellos sucesos, la joven psiquiatra Camila Ferro tiene la cara desfigurada y sufre de una depresión severa, Noelia está recluida en una celda acolchada y no se le permite hablar con nadie.
Me llamo Florencia Gutiérrez y les voy a contar qué fue lo que pasó aunque más de uno se habrá dado cuenta de todo…
Noelia era una chica norma, jugaba, corría, cantaba… En su corazón no había más que felicidad. Nada malo había en ella salvo el asma que, más tarde se comprobó, era psicosomático… En realidad no estaba todo bien con Noelia… ella contenía un odio atávico en su sangre (hay más detalles sobre esto en mi artículo “El odio hereditario”) y, de alguna manera que podríamos llamar sobrenatural, su personalidad cambiaba cuando inhalaba fluticasona para el asma… Dejaba de ser una niña ingenua y tierna y pasaba a ser algo así como una anciana malvada y milenaria. Hierática.
En el video del interrogatorio que Carla Ferro le hizo a Noelia, la niña dijo: “Dejame sola con mi amiga” El video está disponible  pero sin la parte en la que Noelia desfigura el rostro de Ferro.
Como ustedes se habrán dado cuenta, la amiga de Noelia es su otra personalidad. Ella fue la que le arrancó los ojos a Susana, su muñeca. Porque Susana era el único símbolo de su niñez y de su inocencia.
Noelia no saldrá nunca más de la habitación en la que está.
Cambié los nombres para proteger identidades.

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