Asmática
Todo empezó cuando tenía
siete años, Noelia estaba durmiendo en su cama cuando sintió que algo oprimía
su pecho. Se despertó asustada y gritó: “¡Mamá!”; Sandra, con las pantuflas mal
puestas, entró, también asustada, al cuarto de la niña y le preguntó qué había
pasado.
-Creo que tuve una
pesadilla. ¿Puedo dormir con vos?
-Noelia. No. Basta de dormir
conmigo. Tenés que dormir sola. Ya sos grande.
-Pero solo por esta noche.
-Si querés me quedo acá y te
leo un cuento. Pero dormís acá.
-Bueno. Está bien. Contame
el cuento de la vieja malvada
-¿Para que vuelvas a tener
pesadillas?
-Es que me gusta ese. Te
prometo que no voy a tener más pesadillas.
-Eso no es algo que vos
puedas controlar.
-Bueno, está bien…
-Te voy a contar el cuento
del cocinero del rey. ¿Te acordás de ese?
-Sí… Contame ese.
Noelia se tapó y su madre se
recostó a su lado para comenzar el relato: “En un reino lejano vivía un rey que
tenía gustos muy refinados…”. La pequeña se quedó dormida antes de que el
cocinero sirviera el postre.
La joven, con prudencia en
su marcha, se fue de la habitación y dejó la puerta levemente arrimada. Hasta
la mañana siguiente, ambas durmieron un sueño confortable.
Pero la noche anterior
apenas había comenzado, la opresión en el pecho solo había sido un aviso, un
anuncio. Algo estaba por desatarse en aquella casa, en el cuarto de Noelia, una
niña de siete años.
Cuando despertó, al día
siguiente, vio que Susana, su muñeca, no estaba sentada sobre la silla como
siempre sino que estaba en el piso, como aquella vez que la encontró a su madre
cuando esta volvió de una fiesta y caminaba de una forma rara… No recordaba
haber tirado a Susana y su mamá tampoco le habría tirado pero, en una de esas…
Sandra era un poco torpe cuando estaba con sueño…
Bajó a desayunar con Susana
y la sentó a su lado.
-Quiero vainillas. ¿Puedo
buscarlas?
-Están en la alacena de abajo.
Pero no comas muchas.
Cuando Noelia volvió a la
mesa, Susana estaba en el piso.
-Mamá, ¿vos tiraste a
Susana?
-¿Qué? ¿Cómo la voy a tirar,
Noe? Ni me fijé que la habías traído. Igual. No la traigas a la mesa que junta
mugre la muñeca. Uno de estos días la voy a lavar.
-Entonces se cayó sola.
-Por ahí la sentaste mal.
Bueno, desayuná que en un rato viene tu padre a buscarte.
-¿Vos no vas a venir con
nosotros a pasear?
-No, corazón. Hoy no puedo.
Apurate y lávate los dientes después.
Después de lavarse los
dientes, Noe fue a su pieza para vestirse y para inhalar fluticasona, recordó entonces
la opresión en el pecho. Y la luz de su cuarto papadeó durante una fracción de
segundo y Susana salió disparada contra una pared.
Cautiva del miedo, la niña
no gritó, ni siquiera susurró la palabra “mamá”, solo miraba, rígida, lo que se
estaba materializando frente a sus ojos. Comenzó siendo humo casi transparente,
como un vapor cristalino, luego se hizo espeso y comenzó a tener forma humana,
se trataba de una niña que no se parecía a ninguna que Noelia conociera.
-¡Hola! –Le dijo la niña
intrusa.- ¿Querés ser mi amiga?
-¡Mamá! ¡Mamá, vení! ¡Mami!
Cuando Sandra llegó, todo
era normal, todo era… bueno, el cuarto de una niña de siete años.
-Noe… ¿Vos no tendrás fiebre
y estás delirando cosas? A ver, la frente.
Pero Noelia no tenía fiebre.
-Ma, se apareció una nena
como yo y me preguntó si podíamos ser amigas.
-Y, bueno… Eso es algo
lindo. Por lo menos no te dijo que te iba a matar mientras dormís.
Las últimas palabras
llamaron la atención de Noelia.
-Seguro que ella la que tiró
a Susana porque está celosa.
-O por ahí la tiraste vos y
no te acordás.
Sonó el timbre.
-Vamos, bajemos que llegó tu
papá. ¿Tenés todo listo en la mochila?
-Sí. Y me llevo a Susana.
-Cuando vuelvas, esa muñeca
va al lavarropas.
Noelia bajó y su padre la
levantó cuando la vio. Le dio un beso y le dijo a Sandra: “Vuelvo mañana con
Noe. Esta noche se queda a dormir en casa”. La ex de Walter aceptó, una noche
tranquila para ella, una noche para hacer vida de soltera. Ya había estado
hablando con un tal Nicolás…
Esa tarde, Noelia jugó en la
plaza con su padre y con Susana. También comió algodón de azúcar. También
acarició a un perrito chiquito.
En el departamento de su
padre no tenía habitación propia así que, tenía que dormir en el futón del
living, pero ahí tenía Netflix.
-No te duermas muy tarde.
-Un ratito y me duermo.
Noelia inhaló fluticasona y
se sintió algo rara… Tuvo un sueño convulso en el que entraba a una casa muy
vieja y sonaba una canción más vieja que la casa; el rechinar de la madera se
escuchaba debajo de sus pies, sus pasos eran lentos pero… seguros. En ese
sueño, Noelia no tenía miedo, se dirigía a un lugar, había unas escaleras y
ella sabía que tenía que evitar el séptimo escalón porque ya conocía la casa…Tenía
algo en su mano.
En la planta alta de esa casa
había una puerta cerrada y comprendió que en su mano tenía la llave para
abrirla y la llave dio una vuelta completa haciendo un ruido metálico. Empujó
la puerta y, en su sueño, Noelia sabía con lo que se iba a encontrar o, mejor
dicho, con quién.
Cada uno estaba encadenado a
una pared opuesta. Tenían un grillete en el tobillo y no podían tocarse entre
ellos. Walter y Sandra parecían dos adictos
deshumanizados que, obedientemente se habían comido todo el arroz. Temblaron de
miedo cuando Noelia entró y fijaron su mirada en el piso.
Cuando la niña les habló
tenía otra voz, no era la Noelia de siempre. Su voz sonaba espectral y fría.
Cuando despertó a la mañana
siguiente, Susana no tenía ojos y Noelia lloró. Naturalmente, culpó a su padre
y le dijo que quería volver con su madre.
No habló de camino a su
casa, no habló cuando llegó… Entró corriendo a su cuarto y sus padres se
quedaron hablando de los extraña que había estado su hija los últimos días.
Noelia bajó corriendo las
escaleras y fue al patio; sus padres seguían hablando de ella como si fuera un
objeto de estudio. Walter sonrió ante un comentario de Sandra y ella le
devolvió la sonrisa para que luego él le sacara una miga de malteada que le
había quedado cerca del pecho y ella le diera las gracias mirándolo a los ojos…
No podían tener sexo esa
noche pero Walter se quedó a dormir.
-Papá se va a quedar esta
ncohe.
-No me importa. Los odio a
los dos.
-Ya se le va a pasar.
Noelia fue a su cuarto y
volvió a inhalar fluticasona y volvió a sentirse rara.
Esa noche no durmió. Esa
noche sintió algo raro en todo su cuerpo. Esa noche bajó a la cocina y buscó
algo. Esa noche entró al cuarto de sus padres, con prudencia en su marcha, y
los mató a cada uno de tres puñaladas.
Los vecinos entraron dos
semanas después cuando el olor era insoportable. Noelia estaba comiendo vainillas
y, claramente, llevaba varios días sin bañarse. Sonreía y hablaba con vos fría
y espectral, no era aquella la voz de una niña. Sus palabras salían de su boca
como una lluvia de gotas microscópicas y cortantes.
Sin embargo, cuando una
señora la tomó de la mano, no respondió con violencia, todo lo contrario,
dócilmente se dejó llevar hasta un auto para luego dejarse conducir hasta las
instalaciones de un lugar donde una chica muy bonita y de voz diáfana le hizo
algunas preguntas y le hizo ver algunas imágenes.
Noelia inhaló fluticasona y
sus ojos brillaron y también brilló su sonrisa…
A diez años de aquellos
sucesos, la joven psiquiatra Camila Ferro tiene la cara desfigurada y sufre de
una depresión severa, Noelia está recluida en una celda acolchada y no se le
permite hablar con nadie.
Me llamo Florencia Gutiérrez
y les voy a contar qué fue lo que pasó aunque más de uno se habrá dado cuenta
de todo…
Noelia era una chica norma,
jugaba, corría, cantaba… En su corazón no había más que felicidad. Nada malo
había en ella salvo el asma que, más tarde se comprobó, era psicosomático… En
realidad no estaba todo bien con Noelia… ella contenía un odio atávico en su sangre
(hay más detalles sobre esto en mi artículo “El odio hereditario”) y, de alguna
manera que podríamos llamar sobrenatural, su personalidad cambiaba cuando inhalaba
fluticasona para el asma… Dejaba de ser una niña ingenua y tierna y pasaba a
ser algo así como una anciana malvada y milenaria. Hierática.
En el video del interrogatorio
que Carla Ferro le hizo a Noelia, la niña dijo: “Dejame sola con mi amiga” El
video está disponible pero sin la parte
en la que Noelia desfigura el rostro de Ferro.
Como ustedes se habrán dado
cuenta, la amiga de Noelia es su otra personalidad. Ella fue la que le arrancó
los ojos a Susana, su muñeca. Porque Susana era el único símbolo de su niñez y
de su inocencia.
Noelia no saldrá nunca más de
la habitación en la que está.
Cambié los nombres para
proteger identidades.
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