Cacaspray
Ayer te mandó un mensaje tu jefe (que te llama por tu
nombre) y te dijo “Santiago,” (o como te llames) “el jueves volvés a la oficina”.
Es un trago agridulce porque, por un lado, ya no vas a tener que bancarte a tu
esposa que te habla todo el tiempo de las crisis maritales de su hermana y de
cómo Marcela, su ex compañera de Diseño de Interiores, se fue a vivir a España y
se casó con un empresario. Además está tu hija adolescente a quien ya sabés que
le das asco porque hacés ruido para comer. Pero también está el tema de que en
la oficina sos el chiste de tus compañeros de trabajo porque una vez te
escucharon tirarte un pedo muy fuerte en el baño y, desde ese día, cada vez que
te veían decían cosas como: “Es al pedo, no tiene sentido”. “Ayer me quedé
varado en un embotellamiento y tuve que venir a los pedos”. “Yo no voy ni en
pedo a la convención”.
Tenemos la solución para vos: CACASPRAY. Un spray con
aroma a caca. Vas a llegar a tu oficina con total normalidad, con la humildad que
te caracteriza. Flores, de Informática va a imitar el sonido de una flatulencia
con la boca, ese es su latiguillo. Pero ya no te importa nada. Victoria de
Logística hace como que habla por teléfono y dice: “Espedo que estés bien”. Ya
no te importa nada.
Vas a sacar tu CACASPRAY y los vas a rociar a todos. Y
todos van a oler a caca. Te van a insultar. Horacio, de Atención al Cliente, te
va a decir: “Esto no se va a quedar así” mientras va caminando hacia la oficina
del jefe pero a vos no te importa nada.
Horacio entrará a la oficina del jefe y dejará la puerta
abierta para que todos escuchen y sean testigos pero el jefe le dice: “Pero
ustedes también se burlaron siempre de Santiago y él se la banco callado. Y no
te acerques tanto porque tenés un olor de mierda”. Y Horacio, resignado va a
volver a su cubículo.
Desde su silla, el jefe te va a mirar y va a asentir con
la cabeza y vos vas a entender el mensaje: “Por favor, que sea la última vez
pero lo otro queda entre nosotros” y vos también vas a asentir con la cabeza y vas a borrar una grabación en
la que tu jefe te dijo que fantaseaba con vestirse de mujer y que su esposa le
hiciera pis en la boca.
Desde ese día nadie más va a burlarse de vos pero siempre
vas a tener tu CACASPRAY en tu mochila.
Hasta que un día va a llegar un pasante, Nahuel al que le
van a hacer una broma trillada y tonta: pegarle un cartel en la espalda. Vos le
vas a sacar el cartel sin que lo sepa y vas a sacar tu CACASPRAY y los vas a
rociar a todos pero esta vez nadie va a acusarte de nada.
Aprendieron la lección. Nunca más van a molestar a nadie.
Ahora te respetan. Valoran tu trabajo y hasta te piden asesoramiento porque sos
el que más antigüedad tiene. Pasados tres meses te ascienden y tenés oficina
para vos solo.
Entonces vas a comprarte otros aerosoles: CACASPRAY
Brócoli, CACASPRAY Huevo, CACASPRAY Infección intestinal. Y vas a escribirle a
la página cacaspray.com/contacto/mensajes “Querida gente de CACASPRAY, ustedes
me cambiaron la vida. Antes nadie me respetaba. Todos se burlaban de mí.
Gracias a ustedes conseguí un ascenso en mi trabajo y ahora gano un sueldo con
el que puedo tener una vida más digna. Motivado por mi ascenso, comencé a ir al
gimnasio para volver al estado que tenía a los 35. Creo que así podré recuperar
el respeto de mi esposa y, tal vez, el de mi hija. A ellas no puedo echarles
CACASPRAY. ¿O sí? Me gustaría que me dieran algún consejo al respecto. Tal vez
podría rociarlas con CACASPRAY para que dejen de tener aires de superioridad y
narcisismo. Mi esposa porque se piensa que poniendo dos cortinas color pastel
ya tiene una visión profunda del mundo y la pseudo intelectual de mi hija que
se cree tan sofisticada por encerrarse en su habitación a mirar videos de
curiosidades en YouTube. Si pudiera rociarla con CACASPRAY sería provechoso
para mí porque ya no tendría que ir más al gimnasio. La verdad es que ya no
puedo más. No es para mí. Por favor, necesito una respuesta”.
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