Camping
Cuando iba a los balnearios con mi familia, ocho, nueve
años, a la zona de camping y todo eso
había cosas que me gustaban como jugar en la arena, mirar a las chicas en
bikini aunque no tuviera atracción sexual pero ya la sociedad me había indicado
que las chicas en bikini tenían que atraerme… ¿qué más? Jugar al metegol… En fin. Cosas así.
Pero había algo que me daba como tristeza y era ver a los
tipos que llevaban, ¿cómo es? ¿Vieron esas mesas plegables que también tienen
como unas banquetas? Que se pliega todo y se guarda como una valija larga que
parece que estás llevando un rifle para asesinar a un presidente, más o menos.
Bueno… Lo que me daba tristeza era cuando se notaba que
era la primera vez que la usaban y no habían leído el manual. Toda esa torpeza…
La rabia en forma de puteadas. Y todo ese tema del hombre autosuficiente…
Y más si se trataba de un padre de familia. Y encima, en
ese camping había unas mesas muy lindas, redondas. De cemento. Pero no, el tipo
fue a Coto y se compró una de esas mesas para dar alardes de no sé qué.
Es más… Ahora que lo pienso: a lo mejor no es que fue a Coto a comprar esa mesa, a lo mejor la señora, la patrona, le dijo: “Andá a
comprar tapas para hacer la pascualina” y por ahí el tipo fue medio encabronado
porque justo estaba viendo ESPN y cuando fue a Coto dijo: “Che, me voy a dar un
gustito con el aguinaldo”. Y listo: mesa plegable.
Y ahí empezar con el tema de la mesa, media hora dando
vueltas para entender el mecanismo misterioso del artefacto para terminar
diciendo: “Che, me parece que dejé el soporte en casa” o algo así para no
admitir que no tenía ni idea el tipo. Porque no es que estamos hablando de uno
de esos que saben hacer cosas, que tienen un taladro y un par de herramientas y
que te saben colocar una repisa. No. Yo les digo esa clase de tipo totalmente
inútil.
Pero a veces el tipo lograba armar la mesa y se sentía un
campeón de los valores familiares pero, a esa altura, la esposa estaba sentada
en una reposera, leyendo un libro de Danielle Steel o de Corín Tellado, la hija
estaba tomando sol en la playa y el hijo estaba jugando a la pelota con otros
nenitos.
Y entonces el tipo, pobre, se sentaba en una de las
banquetas de la mesa esta y, como estaba al pedo, sacaba un mazo de cartas y
jugaba al solitario.
Con mi familia siempre usábamos las mesas redondas de
cemento. Y mi madre llevaba latas de picadillo y galletas. Y Caladryl.
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