En (esto fue ayer) La Felicidad, Oscar se descompensó y hubo que llamar a una ambulancia para que se lo llevaran. Cuando lo pusieron en la camilla, yo le dije que iba a pasar por su casa para ver a las gallinas y que estuviera todo bien.
Entonces, con un hilo de voz, Oscar me dijo que tenía un hermano, Arsenio, que le avisara a él que se lo estaban llevando en la ambulancia. Me dijo que le sacara el celular del bolsillo y me dijo el PIN para desbloquearlo: 1709
Yo sé lo que significa ese número, pero no lo voy a contar acá porque no me parece. Es algo de Oscar y voy a respetar su privacidad. Suficiente confianza me tiene.
Arsenio. Fui a buscar a Arsenio después de que lo llamé con el celular de Oscar. Arsenio vive a unas cinco cuadras de su hermano y en la entrada de su casa, cuando fui, me estaba esperando abrigado con una campera de lana porque estaba fresco, che.
Me dijo, entonces, que me subiera a su camioneta («la puerta abierta») para ir rápido a verlo a Oscar.
-¿Y vos de dónde lo conocés a mi hermano?
-De un restaurante, La Felicidad.
-Ah. Me habla mucho de ese restaurante. Dice que se come bien.
-Muy bien se come. ¿Usted es más grande que Oscar?
-Seis años le saco yo.
-Después tengo que pasar para darles de comer a las gallinas.
-Pero cómo rompe las pelotas con las gallinas esas. Bueno, yo te acerco cuando venga para este lado.
Y agarramos para el hospital. Arsenio puso la radio y estaba sonando esa canción que dice: «La de lentes, la pasada de moda...», esa verga de Arjona... Yo quería que el hombre este cambiara de radio, pero el tipo no le estaba llevando el apunte y yo no podía evitar sentirme comprimido bajo un yunque.
Igual, ya sé: lo importante era Oscar y yo estaba pensando en la canción esa. Entonces, para sacarme la voz de Arjona de la cabeza, le saqué charla a Arsenio.
-¿Y vos a qué te dedicabas?
-Contador jubilado. Y ahora hago herrería.
-Nada que ver una cosa con la otra.
-Siempre me gustó. Cuando trabajaba no tenía mucho tiempo, pero ahora que estoy jubilado...
-Y esto también es trabajo.
-Ah, por supuesto. Y hago cosas grandes como ser una parrilla o cosas más chicas. Lo importante es que yo pueda hacerlo. Si me encargan algo y no tengo la capacidad... Prefiero perder guita y no reputación. Yo muestro las cosas que hago. Después, esa persona a la que le dije que no hoy, a lo mejor viene mañana y me pide algo que puedo hacer, pero si le dije que sí hoy y me mandé una macana, le hice perder el tiempo a esa persona y a mí.
-Una honestidad de fierro. Si me permitís que lo diga yo.
-Que todo herrero sea honesto y los demás, si quieren, mentirosos.
-Siempre que te justifique el resultado final...
-O en el caso de no hacer nada: ningún resultado.
-Ah, sí.
-Pero siempre trato de hacer las cosas con este... rectitud y de hablar con verdad.
-Muy bueno eso. Ahora te voy a poder mencionar: «Como dijo el herrero Arsenio: "Hay que obrar con rectitud y hablar con la verdad"». Aunque yo solamente te voy a citar. Que yo haga eso es otro cantar.
Arsenio se empezó a reír y en la radio estaba sonando... Enrique Iglesias. Y ahí ya no pude más y le pregunté si podía cambiar. Me dijo que pusiera lo que quisiera, pero yo me imaginé que no iba a encontrar nada. Apagué. Seguimos un rato en silencio. Faltaban once cuadras para el hospital.
Me puse a pensar que Arsenio no era un genio indisciplinado y temerario, pero, como Oscar, tenía mucho de sabio. Y, encima, estaba en una Dodge del setenta y ocho hermosa.
Este tipo y su hermano le ponen ganas a la vida y yo que vivo en una parodia de tragedia con... viento norte, tentáculos de fuego... Y si se me ve con una buena luz, lo mío deja de ser temible y se ve como realmente es: despreciable.
Al menos, pensé para consolarme, o para justificarme, les caigo bien a Oscar y Arsenio. «Tengo que forjar estas relaciones» pensé. Ya que veníamos hablando de herrería...
Me gustó eso de no aceptar pedidos... Si Arsenio no puede, no lo toma. No como otros que ven como grandioso fallar en el intento de las cosas complicadas. En eso nos parecemos. Bueno, yo no lo intento por pereza.
Estoy seguro de que Arsenio podría aprender más cosas de herrería si quisiera, pero no me voy a meter con su tiempo.
-¿Y vos también sos viudo?
-Nunca me casé yo. Pero en mis buenos años tuve mis novias.
-¿De cuál te acordás más?
-Tuve una novia, Beatriz, que se fue a vivir a otra provincia... Vos vieras... Era un dolor para los ojos de lo linda que era. A veces era insoportable porque tanta belleza no era normal.
-¿Para tanto?
-Obrar con rectitud y hablar con la verdad.
-Pero acá me parece que estás exagerado.
-Puede ser. Después de todo, solo soy un herrero.
Llegando al hospital vi una mina que tenía un orto sublime.
Entramos y preguntamos por Oscar y nos dijeron que tuvo un infarto y lo llevaron a intensiva. Se me hizo un nudo en el estómago.
Por ahora, Oscar está internado. Por supuesto que si llega a pasar lo que me imagino, voy a ir al funeral y aunque no me ponga a dar un discurso ridículo voy a pensar: «Quiso apilar virtudes para llegar el cielo y de verdad que lo logró».
Pero yo siempre estoy pensando en lo peor y ahora Oscar está vivo. Voy saliendo para ver a Yanacha y Eué.
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