En el año 2002, en el Aeropuerto Internacional de Richmond, un empleado de limpieza vio una cinta de video que había quedado olvidada en una silla e, inmediatamente, la llevó al depósito de objetos perdidos para desentenderse completamente del asunto... hasta que le ganó la curiosidad.
Cuando volvió al depósito, tomó la cinta y vio que tenía un nombre escrito: Billy. Y también, la cinta estaba fechada ese mismo día.
El empleado este, oh casualidad, se llamaba Billy. Así que, la curiosidad estaba muy bien alimentada.
Si yo me encontrase con un video con mi nombre, Mario, escrito en color negro, también tendría curiosidad. Pero ahora no tengo videocasetera y dudo que alguien tenga una para prestarme. Tendría que ir a uno de estos lugares donde reparan televisores viejos y todo ese mundo para pedir que me presten una porque me parece un despropósito comprar un aparato de estos solamente para ver un video.
Billy se llevó la cinta a su casa porque él sí tenía videocasetera. Sin embargo, no la vio sino hasta seis horas después porque, antes, fue a un bar a saludar a un amigo que cumplía años esa noche y se quedaron tomando cervezas y lo pasaron de lo más lindo. Qué bueno, ¿no?
El hombre este volvió a su casa no tan sobrio, pero no es que tenía la lucidez obliterada. Así que, cuando entró a su domicilio, se bañó (y todos los actos lógicamente concatenados) y se dispuso a ver el material.
Era una filmación casera que había sido filmada el 21 de enero de 1979 por lo que, seguramente, pertenecía a una familia adinerada. Parecía que el contexto era un cumpleaños. Es razonable conjeturar: «Claro, el cumpleaños de Billy». Y sí: era el cumpleaños de Billy.
El video empezaba con una canción, «Skip to My Lou» que ya estaba por la mitad: «Flies in the buttermilk, shoo, fly, shoo!» Cuando Billy escuchó la canción pensó que la conocía, pero a la vez era como si la escuchase por primera vez.
Pero la filmación se empezó a poner rara cuando empezó a sonar «Carcass» de Siouxsie And The Banshees (raro para un cumpleaños infantil) y apareció una mujer con un cuchillo en la mano y la mujer está tenía un delantal de esos blancos de carnicero. Además, empezó a cantar a los gritos: «Be a carcass... be a dead pork, be limblessly in love». Estaba totalmente enajenada la tipa.
Y después apareció un hombre desnudo que tenía una máscara de cerdo y estaba gritando algo indescifrable para dar paso a unos sonidos extraños que Billy (los dos Billies) entendieron que eran los propios de un cerdo.
Y el hombre desnudo empezó a hacer un baile muy grotesco y, sin dar aviso, la mujer le empezó a meter una puñalada atrás de la otra y el niño Billy, obviamente, empezó a llorar y a gritar totalmente impotente.
Después de dieciocho puñaladas y de gritos y todo un carnaval de sangre con «Carcass» de fondo, la mujer lo miró a Billy y le dijo: «Mamá y papá te dejan la metaanfetamina, pero no queda polvo de ángel. De todas maneras... ¡Feliz cumpleaños!»
Y ahí mismo, la mujer se degolló. Y Billy se quedó gritando y llorando y, en su inocencia, quiso despertar a su mamá.
Y Billy vio cómo Billy, tratando de despertar a su mamá, moviendo sus manitas para sacudirla, se cortó con el cuchillo.
Entonces, Billy, que a estas alturas también estaba llorando, se miró la mano y entendió, después de tantos años, cómo se había hecho esa cicatriz.
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