El gerente de la sucursal de la empresa de microprocesadores para la que trabajo tuvo la idea de hacer una fiesta por los cuarenta y cinco años de la creación de nuestra sede.
Por supuesto que todos ayudamos en algo y, como fue una fiesta para todos, muchos iban a llevar a sus familias. Así que, mi idea (y la de Guillermo, Aníbal, Darío, Osvaldo, aunque sea un careta y diga que no, el otro Darío, Fátima y Héctor) de pagarles a unas prostis y comprar falopa, quedó descartada de plano.
Sin embargo, ya que iban niños a la fiesta, se me ocurrió crear una pequeña obra de teatro tomando un poco de acá y un poco de allá de los cuentos infantiles más populares y terminé creando un personaje de características bienquistas: el Tío Lobo.
El Tío Lobo es un lobo gruñón, pero de buen corazón que les enseña a los niños acerca de chips y wafers. A continuación, un fragmento de su monólogo:
«A veces un chip que está en un wafer no cumple con su función por distintas razones. ¿Saben cuál es una de estas razones? ¡Impurezas químicas! Un rendimiento del ciento por ciento es casi imposible. ¿Saben cómo se identifica a los chips qué tienen defectos? ¡Con una marca de color! Esto es importante para que después sea fácil descartarlos en el momento del montaje automático. Para saber si un chip es defectuoso, una máquina realiza trescientas mediciones en quince segundos».
Los chicos aprendieron un poco y se rieron mucho porque Tío Lobo (que era Aníbal disfrazado porque tiene un histrionismo particular) tenía una voz graciosa. Los grandes también nos reímos y la pasamos muy bien.
Y pensar que queríamos una fiesta con putas y merca... Fue una velada hermosa con las familias, con diversión y mucha emoción cuando subieron los empleados más antiguos y se les hizo un reconocimiento.
Don José Luis Basualdo dijo unas palabras emotivas. Me quedé con esto que dijo: «Eficientes en el trabajo; cálidos en lo humano». Sencillo, pero sincero.
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