Axel y Vanina son los nuevos vecinos de la cuadra. Ella es dentista, tiene 29 años y le encanta escuchar a Abel Pintos. Él es arquitecto, tiene 31 años y le encantan los autos.
No tienen hijos, pero sí tienen a Myrkvi un gato travieso y pícaro que siempre se escapa a los techos. Está castrado porque Vanina y Axel son responsables.
Un viernes, mientras comen una ensalada de espinaca, nueces, aceitunas, atún y yogur de proteínas y miran «Envidiosa» en Netflix, Vanina le dice a su marido: «Amor, estaba pensando que estaría bueno invitarlos a Marianela y Pablo a cenar».
A Axel le parece una buena idea y, además, le dice a Vanina que tiene un pedazo de espinaca entre el incisivo lateral superior derecho y el incisivo central superior derecho. Ella se lo saca con la lengua y le dice: «Ay, amor, aprendiste a nombrar los dientes». Y le toma la mano y él se inclina para besarla.
La mujer le dice a Axel que Marianela y Pablo tienen una hija de entre 7 y 8 años y que les tienen que avisar con bastante anticipación para que se organicen y puedan dejar a la niña con un adulto responsable.
Todo marcha sobre ruedas porque la hija de Pablo y Marianela se queda en lo de Analía, su tía. El sábado a la noche, los vecinos se van a reunir para cenar.
El sábado en cuestión, Vanina tiene un pollo con papas en el horno y le dice a su pareja: «Pollo is in the making» y Axel le dice: «Todo bien, yo voy a comprar puchos y vuelvo». Entonces, se pone un buzo porque está fresco y se va a un kiosco.
Cuando vuelve, Vanina lo mira preocupada y le dice: «Che...» y suspira. Y el tipo le pregunta: «¿Qué? ¿Qué pasa?» Y ella le dice: «Marianela me mandó un audio para decirme que Pablo tiene fenilcetonuria». Y Axel le pregunta: "¿Y eso que verga es?» Vanina le dice: «No puede comer ningún tipo de carne». El hombre le dice: «Ya fue, que coma papas». La chica le dice: «Ay, vida... No le podemos dar papas y nada más. Están por llegar en veinte minutos. Vos entretenelos y yo voy a la rotisería y pido una tarta de espinaca».
Marianela y Pablo llegan; Axel los recibe y les dice que se pongan cómodos. Y les dice la verdad: «Vanina fue a comprar una tarta de espinaca para vos». Lo mira a Pablo. Axel está buscando que Pablo se sienta culpable porque piensa que les podrían haber dicho antes que no puede comer carne. Su vecino le dice: «Te juro que me da una vergüenza haberme colgado con eso».
El anfitrión les sirve cerveza y les pregunta qué es de sus vidas. Se ponen a hablar de trabajo. Marianela es profesora de piano y su marido es analista de sistemas. Axel habla de su trabajo en el estudio para el que es empleado y dice: «El que es manso pelotudo es el sobrino del director. Bah, era. Encima, pelirrojo. Terrible mufa».
La anfitriona llega con la tarta y los invitados se deshacen en disculpas y agradecimientos y la dentista les dice que no se preocupen y que en un rato van a comer.
Marianela les pregunta si no están considerando tener hijos y Vanina le responde: «Ni loca. Prefiero a los gatos». Pablo le dice: «Ya vas a cambiar de opinión». Axel ya sabe que ese comentario le parece una pelotudez a su esposa y se adelanta: «¿Pasamos a la mesa? Tengo un vino que estoy seguro que les va a gustar».
Vanina sirve la comida. Hablan de asuntos triviales. Axel le pregunta a Pablo si le gustan las carreras de autos y el vecino con PKU le dice: «No conozco casi nada. O sea: algunos apellidos como Schumacher, Fangio y Colapinto de acá... Canapino creo que es otro». Axel le dice: «Canapino quedó segundo en Rafaela el otro día». Vanina le dice: «Axel, no empieces con los autos ahora». Su marido se ríe y dice: «Bueno, che. No digo más nada».
Pablo se come una porción de tarta, toma un poco de vino.
Marianela pregunta dónde está el baño. Vanina: «Vas por ese pasillo. La puerta que está a la izquierda».
Marianela va por el pasillo y ve que a la izquierda no hay una puerta, hay dos. Elige una que está cerrada con llave. Es la otra.
Marianela vuelve a la mesa y se incorpora a la conversación: Pablo: «Sí, por suerte la pudimos dejar con mi cuñada».
El invitado ternina otra porción de tarta, la mira a Vanina y le dice: «Qué cara de pelotuda que ponés cuando estás masticando».
Ante ese comentario inesperado, Axel mira a Pablo y le dice: «¿Vos querés que yo te deje la cara desordenada la concha de tu puta madre?» Y la esposa vecina dice: «Esperen. Puedo explicar lo que acaba de pasar». Agarra una porción de tarta, la abre y ve que tiene huevo.
Ahí les explica lo que sucede con su pareja si come huevo. Les pide perdón por no haberlo dicho antes. Vanina le dice: «Parece que es habitual que te olvides de decir las cosas». Marianela le dice: «Creo que mejor nos vamos». Axel le dice: «Creo que está aclarado el asunto y podemos tener una noche amena». Pablo dice: «Espero que esto no sea una de esas cosas de intercambio de parejas porque a tu mujer no la toco ni con un puntero láser». El dueño de casa ya entiende lo que le pasa a su vecino a nivel neurológico y se lo deja pasar.
Marianela le dice a su marido que mejor no coma más. Vanina lleva a la cocina lo que quedó de tarta. Luego, pasillo adentro, abre la puerta que está cerrada con llave y entra con un plato en el que está el relleno de la tarta.
Vuelve a la mesa. Pablo, más tranquilo porque pasó el efecto: «No sé cómo pedirte disculpas, Vanina». Vanina: «Vamos a hacer de cuenta que no pasó nada. ¿Jugamos a las cartas? ¿Truco o chinchón?»
Pablo, que vio que Marianela fue al baño yendo por el pasillo, dice: «Truco, pero voy al baño primero». Pero abre la otra puerta que Vanina olvidó cerrar con llave y ve a un hombre bastante desnutrido, pelirrojo, sin brazos ni piernas, claramente drogado con muchos psicotrópicos, qué está comiendo, del piso, el relleno de la tarta.
Espantado y horrorizado, Pablo sale gritando.
A Axel y a Vanina no les queda otra que matarlos.
«Sos pavota, Vanu. Te olvidaste de cerrar con llave», le dice el fanático del Turismo Carretera a su pareja mientras descuartiza a su vecino al día siguiente porque la noche anterior estaba muy cansado.
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