martes, 23 de junio de 2026

La licuadora

 Estábamos en el supermercado comprando las bebidas porque íbamos a tener una juntada en la casa de Lorena ya que los padres de ella habían aprovechado el fin de semana largo para darse una escapada a las termas de Federación. En realidad varios de nosotros sabíamos que las cosas no estaban bien entre los padres de Lorena ya que ella algo nos había comentado. Entonces llegamos a la conclusión de que más que una escapada a las termas de Federación aprovecharon el fin de semana largo para darse una buena cogida lejos de la hija porque no era cosa de que la madre empezara a gritar como la loca que era mientras la hija estaba en el cuarto de al lado seguramente masturbándose pensando en Matías.


Eso de que la madre de Lorena estaba loca es cierto. Si no, pueden preguntarle a ella la cantidad de veces que nos contó que solía tirar cosas en la casa, romper platos y, sin ir más lejos, no creo ser el único yo que se acuerde de aquella vez que en una reunión de padres que organizó la escuela para hablar de una recaudación de fondos cayó la madre de Lorena totalmente desquiciada a gritar de todo que se querían quedar con la plata y no sé qué otra cosa más y un poco más no la agarra de las mechas a la madre de Leandro (que encima la pobre no sé qué problema tenía del corazón) que ahí se empezó a agitar. Por suerte la frenaron a la madre de Lorena porque si no, hubiera pasado una desgracia. Así que no es que yo digo que la madre de Lorena estaba loca gratuitamente.

La cuestión es que estábamos en el supermercado comprando la bebida. Nos habíamos organizado con Leandro y con Fernanda para comprar un ron y unas latas de durazno al natural porque la idea era hacer unos daiquiris. También iba a haber otras cosas para tomar, pero nosotros elegimos llevar eso y en un momento Fernanda se fue a la góndola de las papas fritas y los palitos y todas esas cosas y yo le dije, en confianza, a Leandro: «Che, medio como que me gusta Fernanda». Y ahí el tipo me dijo: «Ah. Mirá, a mí no me gusta».Y yo dije: «Bueno, si a vos no te gusta a mí sí. Así que, creo que no hay ningún problema». Leandro me dijo: «No, todo bien. Vos hacé lo que quieras». Y ahí justo llegó Fernanda y nos callamos la boca y Fernanda dijo: «Che, seguro que estaban hablando de mí porque se callaron boca y yo dij:  «Nada. Le estaba contando de una chica que conocí en el club». Ella me dijo: «Ah. Mirá. Así que te gusta una chica del club. ¿Le vas a hablar?» Yo le dije sí, si me animaba, le hablaba. Obviamente, Leandro sabía que yo me estaba refiriendo a Fernanda, pero yo en ese momento no quería hablarle porque no me animaba. O sea, sí quería hablarle pero no me animaba.

Después de salir del supermercado, fuimos a la casa de Fernanda porque ella propuso que dejáramos todas las cosas ahí ya que su casa quedaba más cerca de lo de Lorena porque no es que la juntada iba a ser enseguida, iba a ser más tarde, esa noche. Así que, fuimos a lo de Fernanda, dejamos las cosas, también las papas fritas y todo eso que compró ella, y yo que estaba ahí dije: «Bueno, me voy a mi casa» esperando que Fernanda dijera: «No. Che quédense tomar unos mates y comemos unas facturas o algo». Entonces, también yo esperaba que Leandro dijera: «Quédense ustedes yo me tengo que ir». Y que Fernanda dijera: «Bueno, dale, quedaste vos» y que me mirara a mí y que yo le dijera: «Dale, sí, me quedo; pero un rato» como haciéndome el que no quería quedarme; pero no pasó nada de todo esto que yo quería que pasara. Fernanda nos dijo: «Che. Bueno, nos vemos esta noche en lo de Lorena».

Más tarde a la noche, cerca de las once o por ahí, yo fui caminando directamente desde mi casa a lo de Lorena. No pasé por lo de Fernanda porque supuse que ella iba a llegar más tarde porque tenía que bañarse o alguna cosa por el estilo. Además ella, como vivía cerca, podía llevar las cosas por su cuenta. Cuando llegué a lo de Lorena ella ya estaba sentada en un sillón junto a Camila, Noelia y Federico. Federico estaba bastante cerca de Lorena. Yo me di cuenta de cómo la miraba y de cómo aprovechaba para rozarla un poco con su pierna. Lorena me parece que se hacía la pelotuda, pero en un momento se paró y le dijo: «Che. Fede, ¿querés sentarte en aquella silla así estás más cómodo? Federico creo que entendió el mensaje y se fue a la otra silla que le indicó Lorena. Obvio que Lorena quería que en el lugar de Federico estuviera Matías, pero Matías todavía no había llegado.

Cerca de la una ya éramos bastantes en lo de Lorena. Federico, Gastón, Camila, Leandro,  Lautaro y yo nos pusimos a jugar al truco y había otros más que estaban en la suya. Sin embargo, los que todavía no habían llegado eran Matías y Fernanda que llegaron tipo dos y nos dimos cuenta con Leandro de que el ron que habíamos comprado estaba empezado.

Pero estábamos jugando al truco, ganando, y no nos queríamos hacer mala sangre. Después de que terminamos el primer partido, Leandro le preguntó a Lorena dónde tenía la licuadora para empezar a hacer los daiquiris. Lorena le dijo que no se había dado cuenta de decirnos que no tenía licuadora Leandro le dijo: «¿Pero sos pelotuda? Si te dije que llevaba para hacer daiquiris». Lorena le dijo: «Ay, flaco, calmate. Te llevás las latas a tu casa y te metés en el orto». Pero después Lorena recapacitó y le dijo: «En realidad sí tengo una licuadora, pero es vieja y no sé si anda». Leandro le dijo: «Tráela y la probamos. Si no anda, bueno, mala suerte. A las latas te la dejo de regalo».

Lorena pasó por donde estaba Matías y le dijo: «Mati, tengo que buscar una licuadora que está arriba de un armario. ¿Me ayudás?» Y Matías se fue con ella. Yo vi eso y me di cuenta de que él estaba jugando a dos puntas. Con Lorena y con... Fernanda.

Después de seis o siete minutos, Lorena y Matías aparecieron en la cocina con una caja que adentro tenía la licuadora. Sacamos el artefacto de la caja y lo pusimos sobre la mesada. Federico buscó una abrelatas y yo le pregunté a Lorena si tenía un adaptador porque el enchufe de la licuadora no entraba en el tomacorriente. Lorena, del segundo cajón del bajo mesada, sacó un adaptador. Era blanco.

La licuadora era una Osterizer Pulse-Matic 10. Hermosa. Diez velocidades, vaso de vidrio refractario. Cuchillas de acero inoxidable. De esas diez velocidades, una era para frappé. Ideal para hacer daiquiris.

Yo me había puesto a ver estos detalles de la licuadora que estaban en la caja mientras Federico terminaba de abrir las latas. Camila ya estaba un poco tocadita de fernet. Gastón, Matías y Leandro estaban fumando en el patio.

Cuando Federico terminó de abrir las latas, le dije que a los tragos los iba a preparar mientras los otros, incluido é, me esperaban en la mesa para jugar la revancha del truco. Entonces, Federico me dejó en la cocina con los duraznos, el ron y la licuadora enchufada para empezar a preparar los daiquiris. Y acá es donde ocurrió lo más interesante y lo más extraño de la noche porque lo otro, el hecho de que Lorena haya encontrado en el baño a Fernanda arrodillada chupándole la verga a Matías y que luego la haya agarrado de los pelos, le haya estampado la cabeza contra el espejo del baño y le haya partido un diente a Fernanda y que Matías para defender a Fernanda la haya empujado a Lorena contra una pared y le haya fracturado un codo y haya terminado todo en un quilombo esa noche, eso no es lo más interesante. Ahora les voy a contar.

Cuando yo me puse a hacer los tragos estaba mirando la licuadora y me pareció ver que el amarillo del durazno se estaba haciendo blanco pero supuse que eso tenía que ver con que, además de los duraznos, había mucho hielo. Entonces no me pareció tan extraño pero el blanco se fue haciendo cada vez más blanco y en ese blanco se fue formando como una especie de pozo sin fondo como si fuera una vía láctea comprimida en el vaso de vidrio refractario de la licuadora. Y en ese torbellino blanco aparecieron algunos colores. Poco a poco los pude ir distinguiendo: había verde, había rojo, azul también había amarillo, algo de rojo también. Yo no entendía porque aparecían esos colores. Entonces fui bajando la velocidad de la licuadora a una anterior y todavía seguía viendo confuso. Entonces fui bajando cada vez más la licuadora, es decir, las velocidades de la licuadora hasta que me di cuenta de algo lo que estaba viendo eran las cartas del truco y ahí comprendí que estaba viendo el futuro. Estaba viendo toda la partida de truco que estábamos por jugar: mis cartas, las de mis compañeros y las del equipo rival. Toda la partida de truco estaba girando en el futuro. Es decir; yo estaba viendo lo que iba a pasar.

Sin decirle nada a nadie, serví la primera tanda de vasos y los llevé a la mesa para que cada uno se agarrara si quería, pero yo me puse a hacer nuevamente daiquiris y esta vez traté de visualizar que era lo que me deparaba el futuro con Fernanda. Bueno, justamente la licuadora me mostró lo que ya conté.

También me di cuenta de que solo podía ver un aspecto del futuro pero no todos ya que mi visión humilde y humana no me permitía abarcar la totalidad del destino. Entonces, cuando Lorena y Fernanda estaban haciendo todo ese quilombo en el baño, cagándose trompadas, con Matías en el medio haciéndose el caballero moral que quería poner paños fríos a una pelea que él había provocado, yo agarré la licuadora la guardé en su caja y sin decirle nada a nadie me fui de ahí. Con la licuadora. Ese artefacto me podía dar muchas respuestas Y esas respuestas eran poder.

Cuando llegué a mi casa, lo primero que hice fue guardar la caja con la licuadora adentro de mi ropero. Esa noche me masturbé, pero no pensando en Fernanda, sino en Lorena dándole una paliza a Fernanda.

Me levanté al mediodía y fui al taller de Jorge (que Dios lo tenga en la gloria) que se daba maña con este tipo de aparatos para mostrarle la licuadora y su peculiar función. Él estaba leyendo un artículo en inglés: «A Revolution in Your Pocket» escrito por Chris Morgan para el número 4 de abril de 1982 de la revista BYTE.

Jorge me leyó un fragmento: «Cuando estés conectado al Centro de Acceso siempre podés pulsar la tecla AYUDA si no sabés cómo continuar y obtener una explicación más detallada sobre qué hacer a continuación. También podés pulsar la tecla NO SÉ si tenés dudas sobre cuál es la respuesta correcta a las preguntas del sistema».

Y ahí comprendí que era justamente eso lo que yo necesitaba con la licuadora: tener conexión con el centro de acceso al futuro y poder controlar toda esa información.

Y le mostré a Jorge lo que la licuadora era capaz de hacer para que él lo experimentara también y me dijo que vio un torbellino gris y muchos colores y que a medida que fue bajando las velocidades de la licuadora pudo ver que esos colores se correspondían a muchos autos y el gris era el asfalto de la calle pero que esa información era muy vaga.

No pretendo ser misterioso con esto: a Jorge lo atropelló un tipo que iba en un Corsa verde al otro día.

Sin ninguna prudencia, yo comencé a usar la licuadora todos los días para adivinar el futuro y al principio pude acertar en muchas cosas y tuve algún tipo de popularidad porque yo podía predecir eventos. Entonces todos me daban la razón. De ninguna manera la licuadora me sirvió para granjearme el afecto de Fernanda o aunque fuese el de Camila, pero sí me sirvió para tener esa razón que tienen los cínicos cuando ya están más allá de todo y piensan que la vida es una mugre.

Sin embargo, de tanto usarla, el motor se fundió y la llevé a un contenedor de basura. Tres semanas me duró la licuadora. A Fernanda le tuvieron que hacer un diente nuevo. Lorena se cambió de escuela a mitad de año y no hizo el viaje de egresados con nosotros. Matías empezó a salir con Tiziana, una chica de tercero.



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