«Fue una mañana, tiempo después de que te fuiste, cuando yo creí que el dolor se estaba alejando por fin (lento, me saludaba como haciendo equilibrio en la roda de una canoa) y entonces, "tomó la resolución de existir a toda costa". Tomo esas palabras de Bertrand Russell porque las considero acertadas y porque sé que él te caía bien.
»Las cosas que me recuerdan a vos, como mi dolor, existen a toda costa. Se afirman en mil gritos que siempre estoy escuchando. Siempre hay un fantasma en la sensualidad del mundo.
»Hoy, te cuento, me comí dos bananas. El potasio es muy importante. También, jugué solo a la generala. No saqué generala. Y me pegué en la rodilla con la mesa de luz.
»Siempre estoy pensando en vos.
»No sé si nos veremos algún día, pero mientras tanto vengo acá y me fijo que los elementos no hayan sido tan violentos.
»Compré jazmines, jazmines blancos (como la canción) que sé que te gustan».
Encontré esa carta ayer cuando fui al cementerio a pagar la cuota. Estaba entre unos jazmines blancos junto a la lápida de una mujer.
Leí la carta y la dejé donde estaba.
Yo también creo que el dolor nunca se va a ir. Va a fingir que se despide, que se va río adentro, pero siempre va a estar a toda costa.
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