Recién me estaba imaginando la secuencia de una piba que estaba pariendo, parto naturai, emociones, y salía la cabeza de la criatura, parte del tronco, los bracitos, y el partero le decía: «Ah, no va a salir más porque no tenés la versión premium. Tenés que suscribirte. O podés quedarte con la parte que ya salió, pero la otra ya no va a servir». Obviamente, la chica empezó a gritar que le estaban diciendo una locura enorme y el doctor le dijo: «Esperá, me equivoqué. Tenés una prueba gratis de siete días».
Me imaginé eso porque soy un hijo de mis tiempos. Todo lo que es el tema suscripciones y coso me tiene muy harto y no quieto pagar nada premium.
También, supongo (no supongo nada, lo estoy admitiendo yo acá porque soy el que escribe) que hay un subtexto: tener un hijo es una gran responsabilidad económica y ahí sí, me parece, que hay que pagar la versión premium porque esas cosas se merecen lo mejor porque fueron traídos a este mundo que es lo peor.
Bueno. Imaginé eso nomás. Qué mente retorcida la mía. Igualmente, como todo hijo de puta puedo ajustar mi mente a un marco teórico para justificarme. O, al menos, puedo garabatear una interpretación más o menos plausible.
Además puedo preguntar: ¿Retorcido yo o retorcido este estado de la vida en el que los derechos más básicos del ser humano están supeditados a un régimen draconiano dictado por una plutocracia nefasta?
Ay, necesito mi limonada con miel y jengibre.
También estoy pensando que tengo que conseguir jabón potásico porque tengo unos pensamientos que están atacados por pulgones y arañas rojas. Así que, voy a atomizarlos para ver si se salvan.
O sea: mis pensamientos y mis pensamientos tienen algún problema. Pero, para mis pensamientos, no me puedo meter jabón potásico en el cerebro.
Y a mis pensamientos no es que los cultivé yo. Salieron nomás y yo los empecé a cuidar y un poco me encariñé.
Bueno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario