“Me cago en la puta...” dijo cuando
llegó al departamento de su hija y la vio toda espumosa de Mellaril
y Demerol, “... que lo parió.” Pulsaba poquito y nada... El time
lapse de su vida yendo al descenso.
La llevó al hospital, ensayando el
“chau para siempre”... Estaba electrizado del miedo porque solo
la tenía a ella. Desde que hubo muerto Nadia siempre fueron ellos dos.
Caminaba por los pasillos azulejados
del hospital, desaliñado. Tenía una remera que decía “I may be
vile and pernicious but you can't look away” y era todo lo
necesario para que una pasante de enfermería le regalara un guiño y
una sonrisa que fueron todo lo necesario para tener sexo mientras él
seguía pensando que su hija podía morir en cualquier momento.
Por supuesto que se pregunto qué había
hecho mal para que su hija terminara de esa forma. Si bien la crianza
de los padres influye, condiciona y, en el peor de los casos,
determina cómo serán muchas personas de adultas, muy pocos le dan
crédito a sus hijos por sus errores. Se atribuyen responsabilidades
como si no fuera posible que sus hijos se arruinen solos.
Lloró en un baño. Estuvo a punto de
llorar cuando se la cogió a la enfermera y acabó en el piso al lado
de la camilla pero se contuvo, lo mejor que pudo, porque llorar en
esa situación le hubiera dado mucha vergüenza.
Lloró mucho.
Habló con Laura, la mejor amiga de su
hija, para saber qué era lo que estaba pasando... ¿Era por un
chico? ¿Extrañaba a su madre? ¿Qué carajos...?
Laura llegó al hospital; él todavía
no había recibido el parte médico. Se abrazaron, omitieron besarse
en esa situación más allá de que llevaban saliendo tres meses.
Cuando llegó Laura, salió de su
abstracción, del solipsismo en el que se había zambullido.
Comprendió que había más personas... Una madre con un bebé que
lloraba mucho, una mina retrasada que gritaba... Un viejo
paralítico... Dos monjas...
Finalmente el médico le dijo que su
hija se iba a poner bien, que la habían estabilizado. Él se besó
con Laura. Todo iba a estar bien.
Esto fue antes de que su hija tuviera
el ACV que la dejó como un espárrago.