domingo, 29 de marzo de 2026

Granada

 A veces me pregunto si no sería bueno que un par de bombas cayeran en el pueblo en el que vivo para que tengan que hacerlo de cero, pero esta vez con las calles llanas y este pensamiento egoísta que implica pérdidas humanas y materiales en decenas de miles de millones de pesos se debe a que me da fiaca caminar un par de cuadras cuesta arriba.
Sin embargo, puedo asegurar que no soy el único que piensa que esto fue armado a la que te criaste. Los cátaros dirían que acá hubo ingenieros defectuosos.
No, realmente no quiero bombas. Más que nada porque sé que harían todo mal otra vez. 
Pero voy a suponer que caen un par de bombas y que, por razones de supervivencia (no pueden acceder camiones con comida porque las rutas están explotadas, hay mucha ficción sobre esto y no les va a costar seguirme la idea) nos volvemos todos más miserables de lo que somos. O, por lo menos, yo me voy a volver más miserable porque cualquier pretexto para serlo me viene como anillo al dedo. Así que, posiblemente, me vean munido de una linterna y una escopeta (habré robado ambas cosas de una tienda de caza y pesca, pero me encantaría encontrar sendas provisiones en el Coto que tengo cerca de casa) vigilando a la noche, haciendo imaginaria, para que no entren a saquear mi comida.
También voy a tener una radio portátil sintonizada en Radio Colonia. Y voy a estar sentado en una reposera. 
La parquedad y la obcecación serán la moneda corriente y, tal vez haya bloques divididos en los que habrá líderes y en los que habrá animadversión para con los otros bloques y habrá que negociar de formas viles y espurias porque en algunos bloques quedará todo lo que es insumos sanitarios y, en otros, alimentos.
Entonces, el líder del bloques alimentos (plutónico en su avaricia y abyecto en su miseria) le dirá al líder del bloque farmacia que, si quiere alimentos, le entregue a la hija durante seis meses para que sea su esclava y, acto seguido, displicente, mientras espera la respuesta, cortará una granada con un cuchillo, le dará un mordisco y escupirá las semillas y dirá: «Sí esto fuera el siglo dieciséis, Alberto Durero me haría un cuadro».
Bueno. Y así. Yo no sería líder de ningún bloque porque me da paja, pero voy a cuidar lo mío y, cuando necesite algo, veré la forma de robarlo sin ningún resquemor. 
Pero volviendo al intercambio entre líderes, después de entregar a su hija, el líder del bloque farmacéutico volverá a su sector y verá a unos borrachos con unas papas ensartadas en unos pinchos asandolas con un fuego que prendieron en un barril.


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