Tuvo un accidente
Hace unos días vino a la fábrica un hombre de unos 55, 56 años que me trajo una batería 12x65 y me dijo que necesitaba una nueva para su Citroën Berlingo y yo le dije: «Mañana me llega una Moura M26AD, pero ahora tengo una Bosch S4. Usted verá, don».
Y ahí metió un suspiro y me dijo: «Y yo soy de Moura, viste». Entonces le dije que mañana me llegaba y que me dejara un número de contacto y me dio, en efecto, su número de celular y me agregó, sin que yo le preguntara nada: «En realidad es de mi señora que tiene movilidad reducida porque quedó paralítica después de un accidente que tuvo y entonces, para ir a trabajar... Es profesora de Lengua en dos escuelas y en una cárcel de mujeres».
Yo le dije: «Pero Dios me libre y me guarde».
Bueno, el buen hombre se fue y yo me quedé un poco apenado por la señora para qué voy a mentir. Al rato vino Fernando, mi primo que trabaja media jornada acá y está estudiando una cosa relacionada al comercio. Puso a calentar agua y arrancamos los mates.
-Tengo unas galletas de ayer, pero todavía se dejan comer.
-Yo paso porque vengo de comer de lo de mi vieja.
-¿Cómo anda la tía?
-Lo más bien. Se tiñó el pelo. Su vecina, bah. La Cachi.
-Hablando de señoras, no sabés: vino un hombre hará unos cuarenta minutos por una batería, en fin, y me contó que era para un vehículo adaptado que usa la señora que quedó paralítica por un accidente que tuvo.
-O sea que la culpable fue la señora.
-¿Cómo decís eso?
-Y claro. Porque lo tuvo ella. Si lo hubiera tenido otra persona y ella hubiera sido afectada... Pero no. Lo tuvo ella. Pobre señora, por supuesto.
-Como sea. Un accidente lo puede tener cualquiera... Ya está el agua.
-No te discuto eso.
-¿Lo del agua?
-Lo del accidente, boludo.
La cuestión es que, al otro día, le mandé un mensaje al señor este y se vino; se llevó la batería porque dijo que la iba a poner él porque sabía del tema.
Todavía me quedaban dos galletas, pero ya tenían dos días así que se las di al Negrito, un perrito de lo más bueno que viene siempre por acá.
Después fui hasta la florería de Gloria y compré unos claveles para llevarle a Brenda que no quedó paralítica en un accidente. Directamente se murió... A cajón cerrado fue el velorio... Pienso en ella todos los días.
En el cementerio me fumé un pucho frente a la tumba de Brenda y me acordé de lo que me dijo Fernando de tener un accidente y me imaginé que la persona que tuvo el accidente en el que murió Brenda a lo mejor estaba lo más bien y tuve ganas de buscarla y matarla, pero yo no soy un asesino y esto no es una película...
Pero ahora estoy medio persecuta con esto de los accidentes y pienso en la madre de Fernando que a veces se pierde en la calle y hasta en Negrito pienso. Es un vivo bárbaro ese granuja, pero hay cada hijo de puta que maneja...
Después del cementerio fui a la guardería a buscar a la hija de Brenda para llevarla a lo de su tía.
A veces pienso en meterme un tiro, pero después se me pasa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario