martes, 19 de mayo de 2026

Andrés Barchelasi

 Andrés Barchelasi tiene 43 años y vive en Jesús Nazareno, un pequeño pueblo dentro del departamento de Guaymallén, provincia de Mendoza. Allí, se desempeña como profesor de Educación Física y los chicos, con cariño, le dicen «Tato».


Por fuera de su actividad docente, Barchelasi ha desarrollado una habilidad peculiar que, según él asegura, es el único en el mundo que la tiene: reconocer a una actriz porno solamente escuchando sus gemidos y orgasmos.


Pregunta: ¿Cuándo te diste cuenta de que tenías esta habilidad?


Respuesta: Una noche estaba en mi casa, hará hace unos... once años, y me dieron ganas de ver porno. Así que, puse un video, pero tenía la introducción típica, ¿ubicás? En este video, la introducción era que un electricista iba a arreglar algo. Entonces dejé correr el video y fui a lavar unos platos porque no me gusta dejar casas sucias para el otro día, también le cambié el agua a Fido, un perrito que tuve y que ya no está, pasé lo que me había sobrado de comida a un táper, me fijé en el grupo de WhatsApp de los profesores por si había una novedad (y vi que me habían agregado a otro que era para hacerle un regalo a Nilda, una señora que fue profesora de Música y se jubiló ese año), saqué el tacho de la basura del alcance de Fido porque era terrible ese, me lavé las manos y me estaba lavando los dientes cuando recién entonces escuche los sonidos de besos y, como recién ahí estaba empezando la acción, aproveché para poner ropa a lavar. Y se ve que me demoré un poco porque terminé de programar el lavarropas y empezaron los gemidos y recuerdo como si fuera hoy que dije en voz alta: «¡Pero si esta es Ali Moore!» Fui a ver la computadora y, efectivamente, era ella. Pero yo sé que estás pensando que, seguramente, vi el nombre cuando puse el video o que, incluso, yo busqué uno con ese nombre. Y yo mismo pensé: «No puede ser. Seguro que vi el nombre antes». 


Entonces puse otro video y dejé de ver la pantalla hasta que empezaron los gemidos y pensé que esa era Nina Hartley. Y, efectivamente, era ella. 


Yo tuve una época en la que fui muy fanático del porno de los ochenta, pero después empecé a ver material de más para estos tiempos. Antes, debo admitirlo, yo era muy cerrado: «el porno de antes era mejor», «no me vas a comparar una Ginger Lynn con una Angela White» y comentarios así. Por suerte, cambió mi forma de pensar.


P: ¿Quién fue la primera persona a la que le contaste esto?


R: Bueno, yo hace once años estaba en un grupo de avistamiento de aves. Éramos un grupo chiquito de no más de doce personas y había un muchacho, Felipe, y le conté.


En esta parte de la nota, Andrés me mostró una foto de ese grupo y me señaló a Felipe. «Es el quinto».


P: ¿Creés que esta habilidad se puede enseñar?


R: Sí. Y tengo pensado dar un taller.


P: ¿Virtual?


R: Sí. Va a ser en esa modalidad si logro darlo.


Dejé atrás Guaymallén donde vive Andrés Barchelasi, poseedor de una habilidad a la que él, quizá exagerando, pero genuinamente, le dice que es un don.




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