lunes, 21 de junio de 2021

Acerca de los apodos de los delincuentes

 

Si alguien se ve asaltado por el deseo de formar parte de una banda de ladrones, de unirse a las huestes del mester de delincuencia, vamos, de ser un chorro, es importante que sepa algo fundamental: la ilegalidad requiere su buen grado de anonimato y es por eso que conviene tener un buen apodo para aliarse con otros delincuentes.
Ahora bien, muchas personas traen apodos que les fueron adjudicados en la infancia. Por ejemplo: es conocido el caso de “Pequitas” Domínguez, apodado así por sus tías por la obvia característica física. Sin embargo, no hay que cometer el error de que un apodo, a priori, tierno e inocente, haga creer que “Pequitas” era un niño mimado, con bucles dorados y gorro de marinero porque la realidad es que lideró una banda que, durante tres años, se hizo con la friolera fortuna de dos millones de pesos en asaltos de todo tipo.
Hay otros apodos que, desde luego conviene no tener, rechazar por completo. Y, de ser el caso que alguien los tenga, debería proceder al cambio inmediato. Difícilmente, por no decir imposible, una banda de ladrones aceptaría como integrante a alguien apodado “El delator” o “Comisario Villegas” aunque se ha sabido de casos en los que ladrones y comisarios han tenido fructíferas relaciones.
Otro punto a tener en cuenta es que no puede haber dos delincuentes en una misma asociación que acusen el mismo apodo. A modo de ejemplo de lo desventajoso que resulta esto, baste con mencionar el caso de los malvivientes apodados “El Turco” de la ya extinta banda “Los zorros”. Los planes de “Los zorros” se complicaban por las situaciones enredosas  (y un poco cómicas, hay que reconocerlo) que generaba esto. Al final todo se solucionó cuando el jefe de la banda despachó a uno de los turcos.
Algo que siempre despierta sospechas son los apodos estrafalarios. Motes como “Función Cuadrática” o “Monstruo de la Naturaleza” son vistos con ojos escrutadores. En estos casos es mejor no innovar, ir a lo seguro, lo clásico. Como reza aquel adagio: “Los experimentos con gaseosa”.
Estos son algunos apodos dignos de un buen delincuente: Payaso, Gordo Pija, Aguirre, Rubia Nazi, Moncho y, uno de mis preferidos, Puflito Loco.

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