miércoles, 30 de junio de 2021

Cuidemos el ambiente

 


El otro día iba por la calle y vi que un viejo había tirado una botellita de yogur bebible ahí nomás, en la vereda. Y a veces yo medio que me hago el ecológico, entonces le dije: “Señor, allá tiene un contenedor de basura” y le señalé el contenedor en cuestión; el tipo me miró y me dijo: “Mirá, pibe, si tanto te preocupa el ambiente deberías dejar de respirar porque le estás robando oxígeno a personas más inteligentes que vos”. La verdad es que tenía razón el viejo. Touché.
De todos modos, a la botellita la terminé tirando yo en el contenedor porque el señor siguió caminado como si nada. Iba de jogging y tenía una vincha de tenista en la cabeza. Había salido a caminar el hombre, iba de remera y se le notaban los colgajos de la piel que le caían como esas protuberancias que tienen los pavos en sus cuellos. Un asco.
Además… Qué tristeza la imagen que daba. Caminando a paso rápido, moviendo sus bracitos esqueléticos y tomando yogur como si pudiera retrasar a la muerte. El viejo ese estaba dañando al planeta con su sola presencia. Morite de una vez.
Si ya no vas a aportar más que dolores de próstata, quejas por cualquier cosa y chasquidos de lengua seca, entonces morite. Porque, ¿sabés qué? Estás haciendo llorar a Greta Thunberg.
Bueno, encima el yogur era de vainilla y yo ya me lo imaginé al viejo con la jeta pegoteada de blanco como si hubiera estado mamando la verga de su quiropráctico a domicilio (porque tenía pinta de ser un tipo que se hace llevar el quiropráctico a la casa y de recibirlo en una bata con sus iniciales bordadas en hilos de oro) y eso me dio un poco de repulsión.
También, después de reflexionar un rato, me di cuenta de que, claro, el viejo ese es de una generación a la que tirar la basura en contenedores le chupó tres vergas y es muy difícil cambiar esa mentalidad.
Yo soy de una generación en la que nos creemos mejores personas (un poco nuestros padres nos lo hicieron creer también, tienen su cuota de culpa) y nos creemos que tenemos la potestad de dirigir la vida de los demás. Sobre todo aquellos que tuvieron una infancia consentida y arreglada.
Así que, lo mejor hubiera sido no decirle nada al viejo y tirar la botella y listo. Sin tanta cháchara. Pero siempre que nos tiran un centro para sentirnos y creernos mejores personas, lo aprovechamos. Qué triste es la vida.
Bueno, creo que no hace falta ser un iluminado para darse cuenta de que hay que cuidar el ambiente o lo poco que queda de él. (A esto lo digo para que no salten después con que banalizo el tema y se pongan a llorar).
 

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