sábado, 19 de junio de 2021

Reality Paranoico

 
Para el año pasado ya tenía todo cocinado para estrenar en la tele un reality de paranoicos. Iban a ser doce personas conviviendo en una casa y todos iban a sufrir de paranoia. El reality se iba llamar “Paranoia: vos sabés que te están cagando”.
Por supuesto que ya teníamos contemplado que nadie se iba a hablar con nadie por la falta de confianza y que se iban a pasar casi las veinticuatro horas del día sin dormir por temor a ser asesinados o por temor a perderse alguna conspiración pero iba a ser interesante ver a doce personas en constante estado de alerta y persecución.
Desde ya que habíamos conseguido el auspicio de una importante marca de café que no voy a nombrar ahora porque el show ya no va a salir. Se echó todo a perder.
Hubiera sido interesante. A la sociedad le gusta ver la intimidad de los demás porque tiene su punto divertido y su punto pervertido y a la sociedad le gusta un buen batido de esas dos cosas…
Y mi idea hubiera tenido un plus interesante porque ver a un grupo de personas totalmente encerradas y en un estado de beligerancia constante daba muy bien. Una pena.
Igual… Diálogos, seguro iba a haber. Por ejemplo: “¿Por qué a mí me das el vaso verde? ¿Le pusiste algo?” Y cosas así. Y hubiera sido muy entretenido ver cómo la falta de confianza los iba consumiendo poco a poco.
Y, claro, todos iban a querer nominar a todos. Todo el tiempo. Pero las reglas…
Además ya teníamos resuelto el tema del streaming 24/7 porque, como ya dije, nadie iba a dormir y además, las luces iban a estar siempre prendidas porque la oscuridad implica secretismo y los secretos son un puñal en el corazón del paranoico.
Otra idea que se nos había ocurrido, pero que después nos pareció extralimitarnos un poco, fue que el tipo del confesionario fuera metiendo algunas semillas de desconfianza en los participantes.
Entraba uno al confesionario y el tipo (que iba a ser un locutor) iba a decir cosas como: “¿Estás al tanto de que Camila y Hernán se están aliando?” O sea: el confesor iba jugar un rol bastante activo.
Pero, como dije, nos pareció un poco mucho y decidimos dejar al tipo en un rol más imparcial, ajeno. Sí, dos participantes eran Camila y Hernán.
En fin. Teníamos un buen producto pero, sobre todo, teníamos lo que todo empresario inescrupuloso debe tener: consumidores. Y todos sabemos que el negocio no está en venderle un producto a los consumidores sino al revés y es así como el producto se mantiene por más nefasto que sea. Todo empresario inescrupuloso sabe que no hace falta mejorar un producto, el negocio está en degradar al cliente. Y los consumidores de un producto como el que describí son, al fin y al cabo, una sociedad ávida de morbo.
 

 

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