Reality Paranoico
Para el año pasado ya tenía todo cocinado para estrenar
en la tele un reality de paranoicos. Iban a ser doce personas conviviendo en
una casa y todos iban a sufrir de paranoia. El reality se iba llamar “Paranoia:
vos sabés que te están cagando”.
Por supuesto que ya teníamos contemplado que nadie se iba
a hablar con nadie por la falta de confianza y que se iban a pasar casi las
veinticuatro horas del día sin dormir por temor a ser asesinados o por temor a
perderse alguna conspiración pero iba a ser interesante ver a doce personas en
constante estado de alerta y persecución.
Desde ya que habíamos conseguido el auspicio de una
importante marca de café que no voy a nombrar ahora porque el show ya no va a
salir. Se echó todo a perder.
Hubiera sido interesante. A la sociedad le gusta ver la
intimidad de los demás porque tiene su punto divertido y su punto pervertido y
a la sociedad le gusta un buen batido de esas dos cosas…
Y mi idea hubiera tenido un plus interesante porque ver a
un grupo de personas totalmente encerradas y en un estado de beligerancia
constante daba muy bien. Una pena.
Igual… Diálogos, seguro iba a haber. Por ejemplo: “¿Por qué
a mí me das el vaso verde? ¿Le pusiste algo?” Y cosas así. Y hubiera sido muy
entretenido ver cómo la falta de confianza los iba consumiendo poco a poco.
Y, claro, todos iban a querer nominar a todos. Todo el
tiempo. Pero las reglas…
Además ya teníamos resuelto el tema del streaming 24/7
porque, como ya dije, nadie iba a dormir y además, las luces iban a estar
siempre prendidas porque la oscuridad implica secretismo y los secretos son un
puñal en el corazón del paranoico.
Otra idea que se nos había ocurrido, pero que después nos
pareció extralimitarnos un poco, fue que el tipo del confesionario fuera
metiendo algunas semillas de desconfianza en los participantes.
Entraba uno al confesionario y el tipo (que iba a ser un
locutor) iba a decir cosas como: “¿Estás al tanto de que Camila y Hernán se
están aliando?” O sea: el confesor iba jugar un rol bastante activo.
Pero, como dije, nos pareció un poco mucho y decidimos
dejar al tipo en un rol más imparcial, ajeno. Sí, dos participantes eran Camila
y Hernán.
En fin. Teníamos un buen producto pero, sobre todo,
teníamos lo que todo empresario inescrupuloso debe tener: consumidores. Y todos
sabemos que el negocio no está en venderle un producto a los consumidores sino
al revés y es así como el producto se mantiene por más nefasto que sea. Todo
empresario inescrupuloso sabe que no hace falta mejorar un producto, el negocio
está en degradar al cliente. Y los consumidores de un producto como el que
describí son, al fin y al cabo, una sociedad ávida de morbo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario