martes, 15 de junio de 2021

La Gioconda

 

De algo puedo estar seguro y es que no quiero ver nunca en persona a la Gioconda de da Vinci porque han hablado tanto de ese cuadro, lo han replicado tanto en todas partes que, para mí, ya perdió todo significado. Y si llego a estar frente al cuadro ese lo voy a mirar con desdén y. pobre, no se lo merece. No me va a interpelar de ninguna manera. Walter tenía razón.
Pero sí me detendría con algún interés frente a una reversión de la Gioconda. Pienso, por ejemplo, que si existiera una versión de Salvador Dalí, la tipa tendría la cara de Terri Schiavo cuando era un brócoli.
Hay una interesante que está hecha con circuitos electrónicos, obra de Theo Kamecke.
Pero, bueno, el cuadro ya es más una pieza de mercado que arte. No me sorprendería si algún día lo comprara Jeff Bezos para ponerlo en un baño o para tapar un vómito de su  poodle.
Tampoco nos importaría porque la famosa sonrisa ya fue copiada hasta en latas de dulce de batata. Y, de verdad, ya no significa nada. Es como cuando una persona te manda una foto y pensás que es para vos, que tuvo un gesto especial para con vos y después ves que esa persona subió la foto a sus historias y que la vio todo el mundo. Ya no sos esencial. Y encima te corroe la sensación de que seguro se la mandó a alguien antes que a vos. Es más, es la foto que les manda a todas las personas.
Podría ser interesante tener una Gioconda en el techo, mirando hacia la cama. Y, corte, por ahí empezás a maquinar algo con esa sonrisa que tiene que no sabés si está recordando una que se mandó cuando era pendeja o si se acaba de tirar un pedo y está esperando que nadie se haya dado cuenta. Es como una sonrisa que mezcla la nostalgia con la incomodidad.
Pero… Ponele que vos tenés una Gioconda (no digo “la” porque vamos a ser realistas, gracias) y la tipa te mira desde el techo… Por ahí sentís que te está juzgando, no sé. ¿Te harías la paja si te estuviera viendo? O el tema de coger. Estás por garchar con alguien y ahí la loca mirando desde arriba… ¿No te daría algo?
Y obvio que si la Gioconda original queda toda manchada con el vómito del poodle de Jeff Bezos va a valer mucho más. Es más, dudo que no haya gente en este momento, en el mundo, que no esté considerando que el CEO de Amazon tiene el derecho natural a tener el da Vinci y hacer lo que se le cante.
Y después van a poder decir: “Uno de mis referentes es Jeff Bezos que se compró la Gioconda de Miguel Ángel y le hizo unos bigotes con caca. Seguime para consejos financieros”.

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