Hace quince años, cuando fui a visitarla a mi abuela al
hogar para ancianos donde vivía, vi que uno de los residentes no calificaba
para pertenecer al grupo de la tercera edad. Es más: podía jurar que, incluso,
era más chico que mi padre que nació en 1960 y verlo al hombre este, con la
mirada extraviada me pareció un poco extraño. Sin embargo, rápidamente asumí que debía tener algún
problema mental y ya no le di importancia pero, de forma súbita, ya que no
había hablado nunca en los cuarenta minutos que yo llevaba ahí, escuché que le
decía a una de las empleadas del geriátrico: “Si vuelve a venir Nirvana al país
los voy a ir a ver”. Sí. Ustedes son rápidos para las matemáticas como Emilio
Monzó. Ustedes ya se dieron cuenta de que Kurt Cobain se boleteó en 1994 y no dan
los números. Y yo me vi tentado de decirle al tipo: “Pero si Cobain se
suicidó” pero mi padre me miró y me hizo un gesto que yo entendí como: “Pobre
tipo” y yo desistí. A todo esto, mi padre no tiene idea ahora ni nunca tuvo de
cuándo murió el cantante de Nirvana ni tampoco conoce alguna canción. Como sea. Aquello me pareció raro. Pero me concentré más
en hablar con mi abuela aunque tampoco me importara mucho lo que me dijera. Tal vez una semana después, o diez días después (no
importa) volví a visitarla y un chico más grande que yo, de unos veinte o
veintitrés años, estaba con el hombre este que les contaba y yo, que a los
quince años no tenía mucho tacto para preguntar cosas, le consulté al pibe
este: “¿Es Alzheimer lo que tiene?” (Era la única que conocía, podía ser eso o
podía ser hidrocefalia normotensiva) y me dijo: “No, se parece. Pero mi tío
tiene amnesia anterógrada”. La amnesia anterógrada es cuando una persona no puede
elaborar ni conservar recuerdos nuevos posteriores a una afección. Ahí fue que me explicó que en 1993 el tío se había ido a
Miami por trabajo y en un restaurante había comido pulpo pero resulta que el
animal estaba infectado con ácido domoico que afecta las áreas del cerebro que se
encargan de la memoria. “Pudo ser peor, podría haber muerto. Se recuperó pero,
bueno, secuelas…”. Entonces, claro, el tipo tenía recuerdos de 1993 para
atrás. Para él, el Carlo era el presidente de Argentina. Por ahí pensaba
que en unos días iba a ver a los Guns N’ Roses que vinieron ese año o por ahí
estaba pensando: “Qué horrible lo de Waco”. Ya de agosto no se acordaba de nada porque lo del pulpo
fue a fines de julio. Pero por lo menos todavía le quedaba la alegría de que
hacía pocos días que la selección había ganado la Copa América con dos goles
del Bati. Y tampoco se enteró de que se suicidó el enano que hacía
de “Tattoo” en “La isla de la fantasía” ni tampoco se enteró de que Vikernes
mató a Euronymous.
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