martes, 29 de junio de 2021

Los Chetos

 

Las familias de chetos siempre tienen algún detalle interesante y cuando digo “interesante” quiero decir que tienen algo medio escabroso como por ejemplo: un cheto va y te adopta como amigo porque quiere saber cómo vive y piensa un paria como vos, todo antropológico el asunto. Entonces, después de dos semanas de ver que, más o menos te bañás día por medio y no tenés tendencia a robar, te invita a su casa a conocer a su familia y hasta te invita a cenar.
Por supuesto que vos también sos bastante rana y sabés sacarle provecho a la situación porque tu nuevo amigo cheto tiene carencias afectivas y encuentra en tirar la guita en boludeces el perfecto sucedáneo de las caricias maternales.
Entonces, esa tarde te bañás bien y hasta le robás unas gotas de ese perfume caro a tu padre que lo usa muy de vez de en cuando y te ponés  una chomba planchada y olvidada en algún cajón.
El Cheto te pasa a buscar en su auto porque no vivís en un andurrial con calles de tierra (tan lejos no llega su interés antropológico) y te dice: “Qué pilchita clavamos, bro”. Y vos le decís (tenés que mantener esa conducta de humildad y agradecimiento que venís impostando desde hace dos semanas) “Jaja, gracias”.
Es el día en que vas a conocer a la familia de Cheto. Los Chetos. Y sabés que no te importa en lo más mínimo pero tu espíritu diplomático  y negociador sabe que estrechar este tipo de relaciones te puede traer muchos beneficios.
Entre vos y Cheto se da una relación de mutualismo, se desarrolla entre los dos un ecosistema sano y productivo en el cual los dos tienen ventajas.
Por supuesto que no te sorprende ver dos palmeras en la entrada de la enorme casa del Cheto porque ya habías advertido que el Cheto y toda su familia son bastante grasas y pusieron palmeras en la entrada de su casa al mejor estilo Miami.
Sin embargo, cuando bajás del auto pronunciás el elogio que ya tenías preparado: “Qué linda casa, se ve que la mantienen bien”. La otra opción era: “Qué linda casa, se ve que la cuidan mucho” pero la descartaste porque esa implicaba una acusación de materialismo y superficialidad y no es cuestión de hacer acusaciones.
Entonces, Cheto te dice: “Esperá a ver mi cuarto”. Y ahí tu cerebro proyecta dos escenarios posibles como esas computadoras futuristas de las películas:
Escenario I: El cuarto de Cheto tiene dos lámparas de lava, luces dicroicas LED, una SG colgada (sin cuerdas) en alguna pared, alfombra persa…
Escenario II: el cuarto de Cheto se parece al sótano de una pandilla de drogadictos porque tu nuevo amigo quiere “desmarcarse” de la familia.
Después te vas a enterar de que tiene un cuarto común y corriente y lo más transgresor que tiene es una pipa de agua.
Pero todavía no entraste a la casa. De todas formas estás tranquilo, sos un pibe de mundo no te sorprenden estas cosas.
Los padres de Cheto, es decir: Sra. Cheta y Sr. Cheto te reciben con exagerada amabilidad porque sos algo novedoso y exótico para ellos pero vos advertís en esa exagerada amabilidad prejuicio y miedo de que los ates a todos en un baño y les desvalijes la casa. Eso te hace sonreír por dentro en lugar de indignarte. Te coloca en cierta posición de poder. Pero vos seguís con tu conducta humilde y respetuosa.
Tienen lugar los saludos correspondientes y ahora es cuando vas y conocés el cuarto de Cheto y su pipa de agua. Te invita a fumar y le dan un poco.
Cuestión que te había invitado a cenar y la fumada te abrió el apetito entonces te preocupa comer mucho y rápido porque van a pensar que en tu casa no te dan de comer y te van a mirar con lástima. Tenés que controlarte. Relajarte.
Al rato bajan a comer, todo está en orden y todo está impecable. La mesa está servida, hay fuentes de ensalada, dos paneras, servilletas de tela. Un lujo todo.
Vos te sentás en una silla muy cómoda y Cheto se sienta a tu lado y te dice en secreto: “Ese tenedor es para el pescado y aquel es para la ensalada”. Vos agradecés el dato mientras pensás: “Me cambió la vida esta data, campeón”.
Entonces escuchás un ruidito que se aproxima despacio y cada vez se hace más nítido, se parece al ruido de algún motor chico como de un ventilador turbo y mirás.
Chetita, la hermana mayor de Cheto, viene en su silla de ruedas motorizada controlada por una manguerita de plástico que tiene en la boca.
Chetita no puede comer ensalada ni pescado, ella vive a base de un compuesto de proteínas en forma de licuado que Sra. Cheta le prepara todos los días.
Cheto te cuenta que hace dos años su hermana Chetita se fue a una fiesta y alguien le puso GHB en el licor de melón y se le atrofió el cerebro para todo el viaje. Ahora Chetita es como un bebé. Se babea y tiene la mirada perdida como una retrasada.
A vos se te cierra el estómago pero hacés fuerza para comer un poco y comentás que la comida es muy rica pero tu comentario queda perdido porque Chetita empieza  toser y a llenarse la pera de flema.

No hay comentarios:

Publicar un comentario