Si le hubiéramos hecho caso a Octavio, no hubiera pasado nada de toda la mierda que pasó y hoy, Hernán no estaría paralítico.
¿Por qué chota tuvimos que ir? ¿Por qué no lo planeamos mejor?
Hace cinco años, Hernán, Diego, Franco, Octavio y yo nos propusimos robarle los enanos de jardín a la señora, a la muy hija de puta, Ferranelli.
Sencillo: entrar a la noche y llevarnos un enanos cada uno. ¿Qué otra cosa podíamos robar si teníamos once años y nuestras ambiciones se limitaban a lo que podíamos ver?
Para nosotros era un juego y por eso no lo pensamos bien. No éramos ni pretendíamos ser ladrones profesionales.
Estábamos dejando todo en manos del azar. Y dejamos que la suerte fuese nuestra consejera. Y fue Octavio el que abrió un libro al azar y puso el dedo: «La diosa cruel, por su parte, viendo desde su atalaya llegada la hora, se se dirige a ño alto del establo y desde el tejado lanza la señal de los pastores y con curvo cuerno hace sonar su voz del Tártaro, con la que al punto todo el bosque se estremeció y resonaron las selvas profundas».
Lo que siguió después a esa revelación fue que Octavio nos mandó al grupo de WhatsApp: «Chicos, cancelemos todo. Leí un pasaje de la Eneida y creo que la vieja Ferranelli ya sabe lo de mañana. Para mí que alguien le dijo».
Y nosotros no le hicimos caso. Hernán (qué jugador que nos perdimos) le dijo: «Octa, dejate de decir boludeces. Si estás cagado no vayas».
Pero fuimos todos. Parecía una tarea sencilla entrar a ese jardín y, salvo Octavio, ninguno estaba preocupado. Diego dijo que la nieta de Ferranelli estaba para «manosearle las tetas» y nos reímos aunque la nieta de Ferranelli tenía 16 años y nunca se iba a fijar en unos pendejos como nosotros.
Entramos al jardín y cada uno se dirigió a un enano. Yo elegí uno verde y blanco qué tenía un vaso de cerveza.
Además de no hacerle caso a Octavio, no imaginamos que la vieja de mierda tenía su misma estrategia, pero con la Biblia. Esa noche, la muy puta puso su dedo en Jeremías 49:9 y leyó: «Si los vendimiadores llegaran a ti, ¿no te dejarían unos cuantos racimos? Si de noche llegaran ladrones, ¿no se llevarían solo lo que necesitan?»
Y la vieja, que tenía mucha plata y joyas, pensó que iban a entrar ladrones de verdad a desvalijarle la casa, pero no. Solo se trataba de un grupo de niños. ¡Niños!
Ferranelli se subió al altillo de su casa y estuvo esperando. Esperó. Yo supongo que disparó con esa escopeta para dar una advertencia, pero esa advertencia fue a parar a Hernán.
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