martes, 14 de abril de 2026

649 mariposas

 ¿Cómo nos vamos a olvidar de agosto de 1996 cuando Román importó 649 gusanos de seda de China para dedicarse a la sericultura, pero terminó desistiendo, descuidó el hábitat de los gusanos y la casa se convivió en un cabaret de mariposas en celo?


Imposible olvidarnos porque 649 mariposas revoloteando por la casa (eclosionaron al mismo tiempo porque la naturaleza tiene ese sentido del humor) no es algo que se pueda ver todos los días.


Sucedió de pronto. La noche anterior nos habíamos ido a dormir y a la mañana, Gimena: «¡Se llenó de mariposas!» Y así fue. De la noche a la mañana.


Nosotros siempre dijimos que eran 649 porque esa fue la cantidad de gusanos que hizo traer Román, pero nunca lo supimos a ciencia cierta. Acordamos usar el mismo número. Tuvimos que convencer al tío Euleriano que estaba empecinado con que eran 580.


Al principio, Román alimentaba los gusanos con hojas del árbol de moras que teníamos en el patio, árbol que, un día, y son consultarme nada a mí, no sé a los otros, tengo que hablarlo algún día, fue retirado. Con lo lindo que era. 


Una vez, me acuerdo, me pusieron en penitencia y yo, para que no me llevaran de las orejas a mi habitación, me trepé al árbol de moras y dije que la iba a cumplir ahí arriba: adusto y morado. Porque tenía toda la jeta del color de las frutas.


Pero volviendo a Román, hoy lo puedo decir y creo que Gimena, mi prima, está de acuerdo conmigo: qué hombre pelotudo. La única que lo aguantaba era la abuela que también era mía porque Román era mi primo. Y al principio me caía bien porque yo era chico, pero después me aburrió.


En cambio, Gimena, su hermana, nunca me aburrió y al día de hoy nos seguimos viendo y nos acordamos de Román. 


Ella me dijo que imaginaba que su hermano está alimentando gusanos ahora porque Román murió hace tres días.


Pero volviendo a las mariposas, a las 649, debo admitir que un poco lindo fue verlas volar por toda la casa. En un momento, no sé si once o 59 entraron a la pieza de Gimena y yo fui con ella para sacarlas.


Fue un momento lindo ese, por lo menos para mí. Sin embargo, su mamá, Cetonia (Ceto, cariñosamente) nos dijo que no nos quedásemos en la pieza de Gimena.


Con ella quisimos ponerles nombres, pero la idea nos dio risa porque hubiera sido toda un lotería nombrar a 649 mariposas cuando ni siquiera podíamos diferenciar a seis. Pero a una que se posó en una tulipa durante unos segundos, Gimena le puso Josefa.


Después, las mariposas se fueron yendo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario