La queja a todas horas
Tobías Breguet es el mozalbete carilindo que contraté a jornada completa para que me brinde un solo servicio: decirme la hora exacta en que yo me quejo de algo.
Es por este motivo que Tobías está conmigo constantemente y me dice la hora muchas veces al día. Por alguna razón, en la libreta donde quedan registradas las horas (de eso se encarga Dauthiau a quien llamo por su apellido para que se sienta celoso de Tobías y la única razón por la que hago esto es porque me aburro) la hora que más se repite es la 19:36
Por ejemplo, el 21 de agosto del año pasado a las 19:36 me quejé de que el paquete de una marca de galletas era «una mierda del diseño industrial». Dauthiau tiene que anotar las palabras clave.
Otro ejemplo data del 3 de noviembre: «un final de mierda la película». Lo que no sé es qué película vi ese día.
¿Por qué los tengo a Tobías y Dauthiau? Primero: porque puedo; soy multimillonario y tengo tendencias homosexuales no asumidas, pero que todos registran.
Segundo: porque soy vanidoso y pienso que, cuando me muera, un escritor profesional hará literatura con mis quejas.
Tercero: porque tengo la vida resuelta.
Ayer vino a visitarme mi único amigo, Tomás Panduro que no es panadero y me dijo: «Te vivís quejando de cualquier cosa. A ver cuándo le decís a Tobías que te la ponga un rato». Tobías se puso nervioso y me compadecí de él. Lo dejé retirarse porque el exabrupto de mi amigo me puso de buen humor y no me quejé durante unas tres horas en las que nos limitamos a, como siempre, hablar mal de otras personas.
Por cierto, el hijo de Juan Adapta (con mi amigo nos reímos siempre de ese apellido ridículo) tiene una enfermedad vergonzosa.
Mi última queja fue hoy a las 18:21 y Dauthiau anotó «y cómo puede ser que esa puta sea amiga del Dr. Bartram».
Yo calculo que mi funeral va a estar lleno de gente porque tengo mi reputación en el pueblo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario