Basándose en los conocimientos aportados por Augusto Vels, Curt Honroth y Félix del Val Latierro, el oficial Keppler, M pudo determinar que el grabado sobre la pared de la casa de la señora Carmen Vallejos cuyo enunciado afectó emocionalmente a la dueña del inmueble debido al tenor de las palabras «vieja conchuda jubilateee» (sic), fue escrito por dos personas de temperamentos similares, pero con matices diferenciales.
Es fácil asumir que Vallejos es una persona que se encuentra, actualmente, dentro de la población activa del país y que, por lo visto, su manera de trabajar ha causado el encono de, por lo menos, dos personas.
Dicha suposición no es descabellada cuando contamos con el dato de que Carmen Vallejos, de 39 años, divorciada, es profesora de Lengua y Literatura en tres escuelas secundarias. De esto podemos inferir que son, entonces, al menos dos alumnos de Vallejos los que escribieron sobre la pared de la docente.
En palabras del oficial Keppler, claramente uno escribió bajo más emociones que el otro.
El siguiente paso del policía fue, entonces, pedir material caligráfico de todos los alumnos de la profesora para comparar las letras y dar así con los que vapulearon la fachada de la vivienda.
Carmen Vallejos, en el lapso de dos días en los que, además, hizo quitar el cartel y pintar nuevamente su pared, reunió lo que Keppler, M le solicitó y se lo entregó. También comentó: «No usaron coma para separar vocativo de imperativo... No sé si me entienden... Yo vendría a ser la vieja conchuda» a lo que el oficial Keppler, M le respondió que le dejara hacer su trabajo y que es normal que los estudiantes de secundaria le digan «vieja» a cualquier profesora sin importar la edad.
Vallejos convino en que eso es cierto y dejó de sentirse tan mal. Dejó el material caligráfico y se fue.
El oficial le había dicho que lo dejara a él hacer su trabajo; el aporte de la mujer, empero, no fue desestimado.
De las anotaciones de Keppler, M sobre este caso se pueden destacar las siguientes:
a) La alumna Georgina ignora que Ricardo Jaimes Freyre, en «Castalia Bárbara», se apoya en la mitología nórdica y no, como afirma erróneamente la alumna, en la griega, pero es curioso que otro modernista, Lugones, en el prólogo a la obra de Freyre comente: «El arte es para él cosa seria y ardua, no parche de bombo. Y por esto, bajo los extraordinarios peinadores lila apagado o viejo marfil en que se envuelve esa Poesía, se encuentra a poco andar el esfuerzo, el vigor sano del trabajador experto en domas de estilo, como bajo los arreos femeniles y el bermellón de los disimulos cortesanos, corría, generosa y varonil, la sangre de Aquiles de Peleo». Luego, la alumna Georgina no merece ningún escarmiento si consideramos que el propio Lugones compara Freyre con el Pelida y no con Sigurd el Volsungo.
Es notable que Keppler, M haya preterido la forma del castellano en que Lugones escribió sobre Freyre. Sin embargo, no concluye acá este primer apartado ya que luego añade:
«Incluso Borges, en su libro "Leopoldo Lugones" afirma que "La profusión de mitos helénicos no basta al modernismo" y cita a modo de ejemplo el caso de "Castalia Bárbara". Así que, Borges estuvo más atento».
Es evidente que el oficial estuvo entusiasmado en este apartado, pero fue más escueto en los apartados b) y c)
b) El alumno Pablo reconoce de manera lúcida estas líneas de Lugones:
«Luna, quiero cantarte
¡ Oh ilustre anciana de las mitologías!
Con todas las fuerzas de mi arte»
y reconoce la destreza del poeta para usar la sinalefa.
c) También, el alumno Pablo ha dibujado un corazón con la letra G en su interior. Teniendo en cuenta que Georgina es la única persona del curso cuyo nombre empieza con G, asumo que Pablo gusta de ella.
Los apartados del d) al h) no merecen atención, pero es interesante el que sigue:
i) Atento acá, Agustín, al citar a Cansinos Assens, quien, en «El movimiento V. P.», dice cómica y floridamente (esta floritura es, desde luego, irónica): «Los hombres han inventado relojes rapidísimos que alteran la medida del tiempo; el automóvil, el aeroplano y el revólver que cantan la hora más vertiginosa». Atento, Agustín, repito, pero se equivoca al ubicar estas palabras de Cansinos Assens en el movimiento futurista cuando pertenecen, claramente, al movimiento ultraísta.
Los demás apartados no son interesantes.
Pero lo que apremiaba a Vallejos (notablemente, no al oficial) era saber quién había dañado su pared y su moral.
Keppler, M: «No fue ninguno de sus alumnos. Me temo que... ¿Y si fueron padres? ¿O adolescentes que fueron alumnos y ya no lo son? A la primera que descarté fue a Alejandra porque hallé su sintaxis inmaculada».
Carmen Vallejos: «Me cago en la concha de la vida, en estos pendejos de mierda y en la reputísima madre que los parió».
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