martes, 7 de abril de 2026

Magalí

 Cuando en mayo del año pasado Magalí se quejó de que había cucarachas en la oficina y Maximiliano le dijo, con sorna, cabe decir: «Pasa que extrañan a la mamá», todos hicieron silencio esperando un ataque de furia por parte de ella. Sin embargo, flemática y tranquila, Magalí les preguntó a sus otros compañeros de oficina si conocían algún método eficiente, aunque no invasivo, para sacar a las cucarachas sin perder tiempo laboral.


Claramente herido en su orgullo porque su broma no surtió el efecto que buscaba, Maximiliano volvió a tomar la palabra para decir: «No sé de qué te quejás si vos y los que vinieron el mes pasado no hacen más que molestar y acá los tenemos que aguantar y estamos todos incómodos porque seguramente vos pediste que reconstruyeran la oficina de ustedes. Así que, me parece, que las cucarachas tienen más derecho de piso que vos acá».


Serena, Magalí le habló así: «¿Terminaste, Maxi? Bien. Soy partidaria absoluta de volver a mi oficina. A nuestra oficina, porque también están acá Lorena, Quique, Blasinda, (que ayer te olvidaste el fuego en en el bufet, Blasinda, ya te lo alcanzo) Fabián y Paloma. Sí. Les estamos ocupando espacio, Maxi. Y tu malestar es entendible. ¿Verdad, chicos que es entendible el malestar de Maxi? No, yo te dejé hablar y ahora estoy hablando yo. No, Maxi. Soy, te decía... Maxi, ¿podés dejar de hacer esas caras? Bueno, no importa. Voy a hablar por mí y decir que nada me haría más feliz que volver a mi oficina que es más grande que esta, donde el clima laboral es mejor que acá y donde no tengo que escucharte a vos, corazón, chupando esos caramelos de mierda que traés o verte deambular de un lado a otro comiendo facturas (y el dulce de leche este no hace la relación entre dejar migas por todos lados y que haya cucarachas) y diciéndoles, como quisiste hacer conmigo, pero te paré el carro de una, pelotudeces a las chicas como: "Acaba de entrar un ángel" porque sos un baboso. Así que, Maxi, sí, lo mejor es que volvamos a nuestra oficina. Estoy completamente de acuerdo con vos, pero mientas tanto, mientras estén haciendo trabajos allá, tenemos que estar acá. Y si vos no querés o no podés aportar una idea para solucionar el problema que tenemos, te voy a pedir que nos dejes hablar a los demás».


Maximiliano no supo que decir y se fue de la oficina. Los demás intercambiaron ideas. Magalí le devolvió el encendedor a Blasinda y Quique se sentó un rato porque las várices le estaban molestando y retomó una partida de Solitario que había empezado: 10♤ 9◇ 8♤ 7♧ y Lorena pisó una cucaracha pequeña.


Maximiliano volvió a los veinte minutos con dos tubos de aerosol para matar cucarachas y empezó a tirar en toda la oficina y atomizó todo el lugar causando gritos y toses porque el olor era muy penetrante y hasta le entró un poco en los ojos a Lorena que le gritó: «¡Para un poco, enfermo de mierda!»


Y la que estuvo atenta fue Blasinda que, ni lenta ni perezosa, le sacó uno de los aerosoles a Maximiliano, le subió la llama a su encendedor y le tiró fuego a la cara causándole quemaduras de segundo grado.


Y, por supuesto, todos, los de la otra oficina y los de esta, Sandra, Marisa, Horario (el más nuevo de todos) y Carla defendieron a Blasinda y dieron pruebas contundentes (lo habían grabado muchas veces) de las conductas inapropiadas de Maximiliano.


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